sábado, 21 de abril de 2018

Consecuencias del viaje al sur.

Y bueno, aquí estoy otra vez, a medias, refugiandome en esta weá como la tonta que soy, siempre.
Algunas actualizaciones: Nicolás, ya era. Al fin. Igual, sabía que el dolor no sería para siempre, sabía que al final del túnel, habría una lección: deja de meterme con weones que salieron del Nacional, estúpida. Si sabis que son todos iguales.

En fin.

Uno de los grandes motivos por el que Nicolás desapareció de mi mente y de mi cuerpo, es, en definitiva, Felipe. Este chiquillo que siempre estuvo ahí, como que si y no, al principio yo, creyéndome la bacán, me hacía la coqueta pero ignoraba sus "joteos". Luego, cuando mi corazón destrozado y mi cuerpo sin sexo fijaron la dirección en él como mi próxima víctima, fue cuando caí en cuenta de que, cuando dejas pasar mucho tiempo, las cosas se te escapan de las manos, o simplemente, se van. Encuentran nuevos horizontes, nuevas personas. Y filo po, ¿qué se puede hacer en esos casos?. Solo sentarse, y esperar. Y la espera, puta que duele cabros, duele.

Y en eso estaba, esperando con ansias que el Felipe terminara con esa relación que fue tan inoportuna para mi salud mental y emocional. Cada cierto tiempo preguntaba: "oye, ¿sigue pololeando?" y ante el sí, volvía a caer en el mismo lugar, volvía a mi asiento desesperanzado.

Hasta el verano.

Resulta que, Felipe terminó su relación de forma definitiva, en Enero del presente año. Lo supe por mi amigo Mafia, que siempre me tenía al tanto de todo lo que sucedía. Y fue entonces cuando dije "bueno, es mi momento. Es hora de lanzarme." Total, que mierda iba a perder. Solo más tiempo del que ya había perdido esperando. Al menos, ahora el tiempo lo ocuparía en algo.

Aunque obvio, la vida siempre trae reveses. Yo ya había cachado que la loca iba a estudiar en mi universidad, pero nunca, nunca, pensé que estudiaría mi misma carrera, que sería parte de la generación de mechones que estaría a mi cargo. Ver su foto cuando la agregué al grupo de wsp fue una patá en la guata. Un balde de agua fría. Y ahí vino la conciencia en forma de Karla Henríquez: entonces, no podís comertelo. ¿Por qué chucha no? si ya terminaron po. A mí que me importa. Pero resulta que me importa. Siempre me importa.

Al final igual hice la weá que quería. Lo agregué curá a fb, comencé a jotearlo, le propuse sexo casual y cuando volví a Santiago nos juntamos y tiramos, no fue tan bueno, pero fue sexo, y lo necesitaba. Todo esto, mientras al mismo tiempo, yo hablaba con la chica, en la buena onda ella me contaba que lo amaba, en la buena onda, yo le contaba lo mucho que me hizo sufrir el Nicolás.

En la buena onda, cachen.

A estas alturas del relato ya se debe pensar que perra, que perra, pero bueno, en verdad si lo piensan, no fue así. No fue tan así.

Cuento corto: yo me lo sigo tirando, varias veces a la semana, y a ella le pongo la sonrisa más hipócrita que encuentro dentro de mi, no sé si sabe, yo creo que sabe, yo creo que lo sospecha, no creo que sea weona. Pero yo al menos muero callá. Por mi, no se va a enterar.

Ahora, otra cosa: algo raro me pasa con este hueón. No sé si es muy buen sexo, o si en verdad me gusta. Ojalá sea lo primero porque no ando con tiempo ni ganas de sufrir otra vez, menos ahora, con tanta práctica y tanta weá que hacer.

Me da lata cuando la gente me tiene mala. Pero esta mina tiene razones de sobra.

martes, 14 de noviembre de 2017

Volver, con la frente marchita

Este año ha sido una montaña rusa en cuanto a emociones y decepciones y gente que entra y otra que sale y los recuerdos que se vienen y la cabeza que quiere explotar.
Punto 1: Nicolás.
Uff, si hasta escribir el nombre me cuesta caleta. Pocas lágrimas han caído por este chiquillo, pero el ánimo ha estado en el suelo desde que me enteré de que estaba con alguien. Aunque puta, ¿qué esperabai Effy? ¿un anillo de compromiso? no po. Siempre esperando, siempre creyendo que la gente va a ser mejor. Sabes bien que la gente no cambia, y si cambian, poco les dura. Sabes que el corazón no se le entrega a un institutano. Sabes que no te debes dejar llevar por las emociones, por los sentimientos de cariño que crees que son buenos, pero al final, te terminan haciendo pico y te sientes como la mierda, porque crees que todo es tu culpa, porque quizás no fuiste tan bacán como pa que él te eligiera a ti, quizás no la chupabai tan rico, etcétera.
Punto 2: Camilo Llanca.
Ya, este fue un golpe al orgullo. Te has tratado de convencer durante todo este tiempo que el pendejo culiao este no te mueve ni un pelo, que no lo querís para nada más que no sea sexo, que una vez que te lo tires no le vas a hablar más, blablabla. Igual, bien. Lograste que no se metiera en el corazoncito que ya está bastante maltratado, y lograste separar, después de mucho tiempo, las ganas de tirar porque el cabrochico está rico, y no porque quieras tener una conversación profunda, fumarse un pito viendo la tarde, ir al parque bustamante a caminar (con una caja de vino, siempre). Y es que tenís que meterte en la cabeza que nada en él va a traer de vuelta a la Jossefa. Nada. Y el hecho de que sea un recuerdo de ella es lo que te frena, lo que te hace querer aferrarte a ese momento y no dejarlo escapar, porque todavía no puedes cerrar ese libro, no quieres soltar esa memoria, no quieres abrir los ojos y darte cuenta de que la vida siguió, y no siguió contigo. Camilo Llanca representa en ti todo lo malo y tóxico que fue ella para ti. Y esas ganas de querer besarlo, tocarlo, estar con él y mirar sus hermosos ojitos verdes, ver su sonrisa perfecta y todas esas weás que se te ocurren cuando te fumai un pito, nacen solo porque él es lo último que queda de ella. Y si dejas que se escape, si lo ignoras, si te cierras a ese sentimiento podrido que te ha acompañado desde hace tanto tiempo, estás, al fin, cerrándole la puerta en la cara a esa piel blanca, el pelo de mil colores, el diente torcido que tanto te gustaba, las manos temblando, el contacto visual (tan difícil de lograr), los labiales rojos, los cigarros sacrificados, el tocar, el sentir ese perfume tan de ella, esas palabras tan cortantes que dolían como una daga en los ojos, ese Fuguet, ese Cortázar, el Matías Vicuña que te metiste a la fuerza al cuerpo y que no te has podido sacar después de todos estos años porque, enfréntalo, no eres capaz de hacerlo sola. Por eso elegiste a Camilo Llanca. Porque sabías que ese último escalón, ese que deseas tanto pisar para que de una vez por todas se acabe este ciclo de mierda que no has podido cerrar a pesar de todo lo malo que ella te ha hecho (y te sigue haciendo), era el fin. TIENE QUE SER EL FIN. YA BASTA PO, YA FUE. Y debes creerlo porque así es. En verdad, ¿cuándo fue? ¿cuándo dejó de ser, lo que en realidad nunca llegó a ser?. Mira un minuto hacia atrás y date cuenta. Ya no tienes 17 años. Ya no eres esa cabra chica que le entregó todo a la Jossefa porque se sentía sola y mal. Vuelve. Tienes 22. Es momento de hacer todo esto a un lado. Camilo Llanca no va a hacer que la Jossefa vuelva. ada va a hacer que vuelva. Camilo Llanca es solo una más de tus tantas proyecciones de ella. Pero Camilo Llanca, al igual que todas las proyecciones, solo te hará sentir más vacía. Solo te hará extrañarla más todos los días.

jueves, 25 de agosto de 2016

I don't want your body but i hate to think about you with somebody else.

No sé. Hace caleta de tiempo la mandé a la mierda. Le dije que era una simple proyección de la Jossefa y que simplemente, ya no la quería más en mi vida. Con el tiempo, me fui auto convenciendo de que fue la decisión correcta, que ya no merecía quedarse, que para qué tanto hueveo, si de todas formas nunca la iba a querer de la misma forma. También sabía que ella nunca me iba a querer de la manera en que yo la quise tanto tiempo. Era momento de aceptarlo, dar la vuelta la página, cortar por lo sano, aunque lo sano siempre es lo más doloroso. Raro. Curioso sentimiento. Después de ese día nunca más volvimos a hablar. "Suerte con el boli, el que la sigue la consigue". No le di ni las gracias. ¿Gracias por qué?. Si de cierta forma igual me recagó harto la mina. Me llevó a un punto en el que creía que no había retorno posible si ese retorno no era con ella. 

Mal po. Pésimo. Algo bastante enfermo.
Pero lo malo, lo pésimo, lo enfermo, siempre es difícil de dejar. Siempre nos gusta estar en la mierda. Aunque eso implique poner de lado nuestra propia salud mental y física. Es complejo despegarse de lo que te hace mal.

En fin, no la he vuelto a ver, no le he vuelto a hablar. No planeo hacerlo. No se lo merece. No merezco esa mierda en mi vida. Prefiero seguir como estoy, tranquila, en la piola, intentado avanzar hacia otras etapas de mi vida cada vez. Ya tuve suficiente de ella, del clon malformado de la Jossefa.

Que se mantenga así.

sábado, 12 de diciembre de 2015

We should fucking be together

Me resuena caleta la frase del título. No sé que onda. En verdad, siento que llevo tanto tiempo en este limbo de "soltería acompañada" que ya me acostumbré y en serio no quiero pololear con nadie. No quiero amarrarme. Pero esto no significa que no quiera algo. Aunque no tenga claro con quien.

Repasemos a algunas de las personas de mierda por las que he pasado, o por las que he sentido algo:

Jossefa.

Como siempre, la primera. One and only. Re capitulando, esta señorita, cuyo paso por mi vida fue una tortura eterna entre Agosto del 2012-indefinido, arrasó con toda posibilidad de romanticismo y ternura contenida en mi. Fue como una especie de vampiro. Apareció, succionó todo a su paso y luego me dejó a la deriva sin importarle nada. No exagero cuando digo que la amé. No exagero cuando digo que, de verdad, mi vida no sería nada de lo que es ahora si no la hubiera conocido, si no me hubiera arriesgado a enamorarme de la persona que era por dentro y desenmascarar aquella coraza que se esforzaba (se esfuerza) por mantener. No le pongo color cuando la recuerdo y digo que aún, después de tres años de tormenta a mi alrededor, todavía siento que su fantasma me atormenta y se aparece en todas aquellas personas que le siguieron. A veces aún la comparo con el resto. Trato, después de tanto tiempo, de imitar sus gestos y pensamientos en otras personas. Pero es inútil. Nadie es como ella, ni lo será, por mucho que busque. Ella es de esas personas que encuentras una pura vez en la puta vida, y si sale bien, bien, pero si sale mal, sale como el pico. Nadie jamás se comparará a su sonrisa, su piel, su mirada, su olor, sus manos, sus gustos, sus ideas, sus locuras, sus penas, sus rabias, sus desenfrenados escapes.
Nadie me volverá a enamorar con solo una frase por chat.
Nadie volverá a ser la (mi) Jossefa.

Claudia.

Uf. Como empezar lo que nunca comienza por completo. Aquello que se traduce en solo un par de noches fogosas y después, si te he visto, no me acuerdo, da lo mismo, seguimos siendo amigas. Una noche te declaro que te amo, otro día, apenas te saludo. Como explicar este limbo en el que hemos estado sumergidas cuatro años, sin atrevernos a hacer algo más, solo sintiendo de vez en cuando, culpando al copete y la droga de las acciones que ambas deseamos pero no decimos. Hace más de una año que nos declaramos amor eterno y de eso, ahora, nada. Ambas nos metimos con otras personas sin detenernos ni siquiera a pensar en la otra. Ambas nos contamos cuando nos gusta alguien y lo mucho que nos importan otras personas y que tiramos con quizás que hueón solo pa ver la reacción de la otra, para finalmente terminar la noche compenetradas en lo mismo de siempre, sexo apasionado y sin decir palabra de ello nunca más.

¿Qué romántica relación, o no?

Últimamente ni siquiera hablamos. No desde que tiramos por última vez en septiembre. Ella debe estar tirando todos los días con alguien distinto en la U. Sin pensar en mi, seguro. Para ella, solo me he vuelto una cosa que utilizar cuando no tiene a nadie más. Soy, más o menos, su sexto plato.

Roberto.

"Puta, como pasa el tiempo."
Para recordar hueás como estas, me parece apropiado iniciar con una cita de nuestro principal cupido, Fuguet, quien tanto amor y dolor me ha causado a través del tiempo.
El Roberto fue como un orgasmo en mi vida: fugaz, placentero, y me dejó queriendo más, pero después de que ocurrió, ya no hubo nada que hacer y simplemente me fui.
Lo que pasó después, puro daño colateral.
Pero ese no es el punto. El punto es, que encontré una persona con la que podría hablar horas y horas y, por pura calentura, la dejé ir. Porque si bien como pareja valía callampa, como amigo era excelente. Teníamos tantas cosas en común que no nos aburríamos jamás. Pero si nos aburrimos de los besos, los momentos a solas, las peleas.
Que hueones fuimos ambos.
Nos pasó por ser tan parecidos.

María José.

Me parece correcto terminar esta lista con la última que pasó por aquí. La pendeja culia, la que me tuvo que si y que no un año, la que me hacía feliz y triste a cada rato. Igual lloré, pero no tanto. Igual la hecho de menos, pero ni tanto. Igual pienso en ella...
...pero ni tanto.


Entonces, ¿con quién volvería?
Con ninguno, sacoweas.
Al principio empecé esta lista extrañando, pero ahora que la termino, estoy odiando.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Diego y yo nos volvimos, con el pasar de las semanas y los meses, dos personas inseparables. No concebíamos los días sin el otro. Cuando no nos veíamos, hablábamos por teléfono, whattsapp, facebook. Todo el día, todos los días, estábamos conectados.

Los días en su casa parecían no tener fin jamás. En su habitación, acostados en su cama, mirándonos, sin decir una palabra. Transmitíamos todo con la vibración de estar tan cerca. Sin tocarse ni nada. Esa nada, que era todo a la vez.

-Te amo...- susurró Diego a mi oído una tarde de Septiembre. Mi cuerpo se tensó completamente, mientras el apretaba mi mano, expectante ante una respuesta satisfactoria.

Yo fingí estar dormida.

Apoyó su cabeza en mi cuello y continuó durmiendo.

Sus papás casi nunca estaban, lo que era bastante cómodo para mi pues así no tenía que verle la cara a su madre ni darle explicaciones de por qué había pasado desde un hermano al otro con tanta facilidad. Solo estaba él y Gastón. Este último por supuesto solía evitarme a diario. Me saludaba y no volvía a dirigirme la palabra.

Pero una tarde nos topamos en la cocina. No había vuelta atrás. Diego estaba en la ducha. Yo entré distraída en el lugar, tarareando una canción de uno de mis grupos favoritos.

-Love of lesbian...- murmuró Gastón.
Sonreí levemente.

-Tú los conoces tanto como yo, ¿o no?-
-Yo diría que la que sabes más sobre ellos eres tú.-

Se posó frente a mi, con la mirada desafiante pero a la vez tranquila, lo cual me estremeció hasta el fondo de mi ser.
Lo observé de a poco, con calma, como si quisiera dibujar su silueta en mi mente. Aunque si cuerpo ya estaba más que recordado en mi cabeza.

-Siempre voy a recordar lo primero que me dijiste. Fue sobre esta banda.-
-"¿Los has escuchado alguna vez?"-
Un nudo se formó en mi garganta.
-"Son mi banda favorita."-
Gastón sonrió.
-"Gastón."-
-"Catalina."-

Podía sentir su respiración más agitada. Mi corazón latía a mil por segundo.

-Cata... esto es tan...-
-No lo digas, Gastón. Por favor, no lo digas.-
Me acerqué a él con cautela, tanteando su reacción. Se quedó quieto, como petrificado.

-Cata...-
-Shh...- susurré.
-la Amanda...-
-y el Diego...-
Entonces caí en la cuenta. Diego me amaba.
Me detuve de forma súbita. Con miedo, incertidumbre. Gastón dió un paso atrás, con la cabeza baja.

Respirábamos agitados, asustados, tímidos.

Escuchamos, con sobresalto, la puerta del baño.
Huí de la cocina como una pequeña asustada.

Esa noche me quedé ahí. Los papás de Diego estaban fuera de Santiago, por lo que Amanda y yo constantemente estábamos en esa casa, con las mismas razones. Imaginar que en la habitación continua sucedía lo mismo que en la que me encontraba yo me llenaba de repugnancia.

Pero esa noche, Amanda estaba enferma. Se había quedado en su casa. Escuché a Gastón decirle que la extrañaba mucho y que ojalá se mejorara pronto. Que la iría a ver mañana. Que la amaba.
Diego y yo nos fumamos unos pitos y luego tuvimos sexo escuchando a Crystal Castles. Se quedó dormido profundamente. Yo me levanté. No podía dormir. Prendí el televisor del living. Nada. Me di vueltas por la casa buscando algo que hacer. Miré la habitación de Gastón. La luz estaba encendida. Me quedé pensando en que hacer. En eso el abrió la puerta.

-Escuché ruido.- dijo al verme.
-No puedo dormir...-
-¿Tienes insomnio otra vez?-
-No sé. Diego se mueve mucho tal vez.-

Gastón miró hacia todos lados sin decir nada.

-Ven. Yo tampoco puedo dormir.-

Entré a su pieza con terror. Sentía que no estaba ahí hace siglos. Me senté en la cama, sin saber que decir.

-Estaba viendo una película. Pero me aburrió.-
-¿Cuál?-
-Lucy-
-Scarlet Johanson es capaz de aburrir a cualquiera. Además, esa es muy mala. ¿Sabes cuál es buena de ella?-
-¿Her?-
-¡Esa es bellísima!-
-¿Porque no sale ella?-
-Y porque la trama es muy extraña. Poco investigada.-
-Yo te dije que la vieras.-
-Cuando la vi no pude dejar de pensar en ti.-
-¿De verdad?- me miró extrañado.
-Si... era el hecho de extrañarte tanto, supongo.-
-¿Cuánto tiempo me extrañaste?-
Se hizo un silencio. Miré hacia el suelo y luego levanté la vista directo hacia sus ojos, algo fría.
-Te sigo extrañando.-
No separó sus ojos de los míos.
-¿y Diego?-
-Diego es una gran persona. No niego que me gusta, mucho.-
-...¿y yo?-
-¿Tú qué?-
-¿Qué soy para ti?-
-Supongo que lo mismo que yo soy para ti.-
Se produjo otro silencio, algo incómodo.
-A la Amanda la adoro.-
-No te lo pregunté.-
-Quería que lo supieras.-
-¿Y de qué me sirve saber eso? ¿Qué intentas decirme?-
-Nada. Solo que la adoro.-
-ah...-
-...-
-¿La amas?-
-...-
-Gastón...-
-Puta, no sé, ¿ya?-
-Te entiendo. Tampoco sé si amo al Diego.-
-Deberías. El Diego es seguramente, la mejor persona con la que has estado.-
-¿Y tú?-
-Tú sabes que yo soy una mierda.-
-¿Por qué lo dices?-
-Porque siempre lo he sido- se paró de la cama, algo exhaltado-lo he sido con todas las minas con las que he estado. Lo fui contigo.-
-Si, pero eso es pasado. ¿Por qué sigues pegado en eso?-
-No es solo eso, Cata. Tú no entiendes. Últimamente he hecho cosas que no debería.-
-¿Te cagaste a la Amanda, hueón?- dije, para mi asombro, muy enojada. Casi herida por pensar que alguine le hubiera hecho daño a mi amiga.
-No, no. He tenido oportunidades, pero no lo he hecho.-
-...-
-Hasta ahora.-
-¿Hasta ahora?-
Se acercó a mi en silencio. Yo me quedé quieta, mirándolo fijamente a los ojos. Se sentó a mi lado. Me miró con calidez, como solía observarme en las tardes en esa misma habitación, sin que nadie nos molestara.

Posó su mano en mi mejilla. Yo cerré los ojos, disfrutando esa caricia que tanto había esperado.

-Hasta ahora... que apareciste de nuevo en mi vida.-

Mi corazón se heló. Me quedé petrificada. No sabía que decir, ni que hacer. Con suerte conseguía respirar.

-Cata, no sé que me pasa. No sé que estoy haciendo. Pero siento esto. Esto que sentía antes por ti. Esta incertidumbre sin compresión alguna. Esto que tanto me hizo odiarte.-

Mi respiración agitada estaba en sincronía con la suya.
Continuaba sin moverme.
Gastón comenzó lentamente a acercase a mi, como aquella primera vez que nos besamos en un parque.
Finalmente, sus labios se encontraron con los míos. Con toda mi boca, mis manos, su pelo, sus manos, mi espalda, mis piernas, las suyas. Todo él y toda yo compenetrados en un solo ser.
Me tomó en brazos y me puso debajo suyo. Yo tocando cada parte de su cuerpo, camino conocido. Saboreando sus besos, su cuello. Su respiración y la mía.

Y Diego en la pieza de al lado.
-No...- susurré.
Gastón hizo caso omiso.
-Gastón- dije-No.-
Él me ignoraba.
-¡GASTÓN, NO!-
Entonces pareció entender. Se sobresaltó un poco y luego se quitó de encima mío.
-¿No?- susurró agitado.
-Diego... no...- fue todo lo que pude decir antes de pararme, abrir la puerta y refugiarme rápido en los brazos de Diego, que despertó un poco.
-¿Dónde estabas? preguntó somnoliento.
-Aquí-susurré- siempre he estado aquí.-


Diego salió temprano ese día de la casa, rumbo al colegio. Me dejó desayuno servido y se fue. Sabía que yo no me iría a mi casa y lo esperaría ahí hasta que volviera.
Salí a trotar. Volví. Me dí una ducha en la cual pensé en todo lo que había sucedido con Gastón, y en lo que a la misma vez sucedía con su hermano. No sabía que hacer.

Salí del baño y Gastón estaba frente a mi, esperándome. Al verme solo con toalla, ladeó la cara.

-Gastón, me has visto mucho más desnuda que esto.- dije en tono burlesco, pero él estaba serio.
-Cata... lo de anoche...-
-No pasará de nuevo, lo sé.-
-...si, eso...-

Nos quedamos mirando con la cara llena de dudas, como si quisieramos preguntar mil cosas pero en verdad era solo una que no decíamos porque la respuesta nos llenaba de terror.

Gastón me recorrió con la mirada. Se mordió el labio.
No pude más. Me abalancé sobre él con apuro, tomo su cara y lo besé con tanta pasión que le costó un poco responder. Cuando lo hizo, me tomó por la espalda y me arrastró hacia su cuerpo con fuerza. Me tomó en sus brazos y me llevó hasta su habitación, donde cerró la puerta, como si tuviera miedo de que alguien nos fuera a encontrar.

Hicimos el amor como si nunca lo hubieramos hecho. Como redescubriendo nuestros cuerpos. Olvidamos a Amanda. Olvidamos a Diego. Volvimos, aunque fuera por un momento, a nuestro tiempo que nunca debió terminar.

Nos quedamos abrazados la tarde entera, casi sin hablar. Las palabras sobraban. Él acariaba mi pelo. Yo besaba su mejilla.

Por unos instantes, no nos importó nadie.
Pero eso fue solo hasta sentir de súbito el sonido de la puerta.
Tomé la toalla y me escondí rápido en la habitación de Diego, un poco antes de que él entrara ahí.
Sonrió al verme.

-¡Hola! ¿cómo estás?-
Yo sólo sonreí y besé sus labios intentando de todas las formas posibles hacer que ese beso redimiera mi culpa.

miércoles, 29 de julio de 2015

Desperté bajo la tutela del hermano menor de mi ex. Levanté la cabeza para apreciarlo. Dormía plácidamente, nada parecía inquietarlo. Pasé el dedo con delicadeza por su barbilla, sintiendo una leve barba. Subí hasta su mejilla. Diego era guapo. Casi tan guapo como Gastón. Poseía unos hermosos ojos pardos, que se oscurecían en la noche. Tenía los mismos labios de su hermano. Excepto que no eran los labios de su hermano.

Me levanté de la cama cautelosa para no despertarlo. Salí de su habitación. Fui al patio, prendí un cigarro. Lo apagué. Lo tiré lejos. No sé por qué. Casi inercia. Entré y me senté en el sillón. En eso, la puerta de la habitación de Gastón se abrió. Salió y al verme, desvió la mirada. Pero de forma tímida, evasiva, culposa. Amanda salía del lugar con él. Cuando me vió, su cara de transformó.

-Cata...- susurró. Desviaba la mirada, incómoda. Yo no dejaba de observarla, con rostro impasible, impenetrable.-Cata, eh, hola, ¿qué haces acá?-
-Lo mismo que tú, supongo. Pero en la pieza continua.-

Amanda abrió mucho los ojos. Miró a Gastón sin saber que decir. Este me miró directo, intentando intimidarme.

-la Cata se está tirando a mi hermano chico.- espetó.

Amanda seguía sin reaccionar.

-No, Gastón. No es eso. Tú no entiendes, obviamente.-
-Cata... tiene quince. Igual, ¿no te sientes mal tirandote a un niño tan chico?-
-¿Y tú no te sientes mal tirándote al que a mi me gustaba más que la mierda? Y tú lo sabías, Amanda. No me vengas con discursitos moralistas ahora. No seai cara de raja, amiga.-

Amanda bajó la vista. Noté que sus ojos se pusieron llorosos. También a mi me pasó lo mismo.

-Ya, es tarde. Me tengo que ir- susurró- Chao.- besó a Gastón en los labios rápidamente. Caminó hacia mi y se quedó enfrente.- No puedes condenarme por siempre, Catalina. En algún momento tendrás que madurae y aceptar todo esto.-
-¿Todo esto? ¿Y qué es todo esto? ¿Que preferiste desplazar mi amistad por un hueón? Lo tengo más que aceptado, Amanda. Pero en parte igual te agradezco la mariconada: ahora no pongo las manos al fuego por nadie y me he dado cuenta de que la vida es mucho, pero mucho más fácil así.-

Amanda no dijo nada. Simplemente abrió puerta y se fue.

Gastón y yo nos quedamos solos. Se sentó a mi lado.

-No te entiendo, de verdad, Catalina. No entiendo que es lo que quieres hacer. Por qué haces esto. ¿Es porque estás enojada con la Amanda? Ella no tiene nada que ver, no tuvo nada que ver nunca en nuestra separación. Lo nuestro comenzó después. No entiendo por qué la castigas así.-
-No estoy castigando a nadie, Gastón. No prentendo vengarme de ustedes ni nada por el estilo. Simplemente vengo a estar con Diego. Quiero a Diego. Eso es todo. ¿Es tan dificil de entender?-
-¿Por qué Diego?-
-Porque si. Que te importa.-
 Gastón suspiró.

-Si hubieras hecho esto antes, quizás me hubiera dolido. Ahora, me da igual.-
-No me importa, Gastón. No me importas.-
Sonrió.
Por la mierda, esa sonrisa.
-No seas mentirosa, Cata. Igual te gustaría hacerme daño de alguna forma. Admítelo.-
-¿Por qué querría yo hacerte daño?-
-Porque yo te lo hice a ti.-
-No. Yo nunca sufrí por ti. Si estaba contigo era por el sexo no más. El sexo era bueno.-
-El sexo era increíble...-
-Pero ya pasó. Ya fue.-
-¿Te acuerdas cuando casi nos pilla mi mamá?-
-¿Cuál de todas las veces?- reí.
-Cuando fue a comprar a la esquina y aunque llegaba en dos minutos, tú querías hacerlo igual. Abrió la puerta y te encontró encima mío. Vestida, menos mal. Igual después me dió una charla dse veinte minutos sobre los embarazos no deseados.-
-Tu mamá y sus charlas. Igual me cae bien, conmigo siempre fue cariñosa. Me enseño a hacer porotos.-
-Si me acuerdo. Cuando casi incendiaste la cocina. Mi papá estaba muy asustado. Pensó que ibas a explotar toda la casa.-
-Tu papá es tan tierno. Recuerdo cuando me iba a dejar a la casa a las cuatro de la madrugada. Y tú te quedabas conmigo.-
-Porque estabas siempre muerta de borracha. No te podía dejar sola.-
-Y nunca lo hiciste. Gracias por eso.-
-Aunque una vez me vomitaste una camisa.-
Nos echamos a reír los dos, sin pensar en lo extrañamente ridículo que resultaba ese momento.
Se formó un silencio algo denso.
-Te amaba... nunca te lo dije. Nunca te dije ni siquiera te quiero.- soltó de pronto Gastón.
Lo miré muy sorprendida. Mis ojos comenzaron a lagrimear de nuevo. No podía creer lo que acaba de decir. Gastón me amaba. Me amaba y yo nunca me di cuenta.
-Gastón...- susurré.

Sentimos como se abría la puerta de la habitación de Diego y este salía con ojos somnolientos. Al verme, sonrió de inmediato. Yo le sonreí de vuelta. Gastón se levantó y se fue a su pieza al notar que sobraba. Nuestro momento ya había pasado. Ahora era el turno de Diego.

viernes, 10 de abril de 2015

Cuanto sufrimiento a veces tiene que aguantar solo una persona. Cuantas veces debes tragarte todo el orgullo, las ganas de gritar, llorar, huir lejos, solo para continuar viviendo una vida paupérrima y carente de cualquier sentido. Cuantas veces debemos aguantar esto.

No me quejo mucho, la verdad. Actualmente las cosas van bastante bien. Balanceadas. Se va una persona, entra otra, y así. Pero se van demasiadas. En realidad, echo a muchas personas de mi vida. Porque sí. Porque ya no las quiero cerca. Pero las necesito. Eso no puedo negarlo.

Me considero totalmente cobarde pues no puedo dejar de buscar en el pasado para poder conllevar este presente que muchas veces se me va de las manos. No puedo dejar de buscarla a ella. Pues su presencia cercana sigue siendo lo único que me tranquiliza. Y me da fuerzas y un motivo real para vivir.