lunes, 3 de marzo de 2014

Adiós a la tormenta.

Hace mucho, mucho tiempo, conocí a alguien. Era muy bella, tenía la sonrisa más deslumbrante que había visto en mi vida. Su piel era tan blanca y helada, tomar su mano era como tocar la nieve. Poseía una risa contagiosa, que me atrapaba a cada carcajada. Pero lo más importante de todo, era dueña de la personalidad más extraña que he conocido en mi vida, y puta que he conocido hartas. Inestable total, depresiva, bipolar, sensible, todo oculto bajo una coraza de hierro y reforzado con alcohol, drogas, sexo y mierdas varias. Todo esto con catorce años. Catorce. Y yo, que a los catorce con suerte había dado un piquito, a su lado me sentía una inexperta, alguien que, con diecisiete años, no había descubierto aún ni la mitad de lo que ella ya sabía. Todo esto se metió dentro de mí, tan hondo, tan hondo, tan hondo, que ya fue imposible no pensar en ella cada segundo de mi vida. Las ganas de explorarla, de conocer lo que realmente era, de destrozar aquella coraza en la que vivía oculta, comenzaron a consumirme rápidamente. No pude dar la batalla, como suelo hacerlo. Perdí la guerra con creces, y solo me dejé aprisionar. Ella se convirtió en mi oxígeno, en mi aliento para vivir. En la vida misma. Todo mi mundo comenzó a girar en torno a ella, todo lo que ella deseara era mi tormento. Dejé de lado mis amistades, mi familia, mi verdadera vida, por moldear una nueva con la que ella estuviera feliz. Lo di todo. Lo hice todo. Por ella. Todo, por ella.

Hoy, ha pasado más de un año desde que nos conocimos, desde que se metió en mi cabeza y no quiso salir más. Nunca nos besamos, o tuvimos algo más que una rara "amistad". Ella siempre supo cuanto la quería. Ahora me doy cuenta, de cuánto lo sabía, y como se aprovechó de mi amor para manipularme y, poco a poco, destruirme. Nadie sabe cuánto he llorado por ella, por su amor tan inalcanzable y su forma tan fácil de dominar mis emociones. Nadie sabe, cuánto he amado a esta niñita, tan pequeña e ingenua. No saben, con la intensidad que me enamoré de ella. Tal vez jamás lo sabrán. Ni siquiera ella lo sabrá.

Pero todo en el mundo es temporal, lo cual algunas veces, es bueno. Decidí que no puedo seguir amándola. La eliminé como pude de mi vida, la arranqué de mi corazón con tanta rabia que el dolor fue menos terrible del que estimaba. Me siento extraña con esto, sé que voy a extrañarla cada momento del día, de la noche y de la vida. Sé que voy a quererla un ratito más. Un ratito pequeño e insignificante.

Quiero recuperar mi vida antigua, donde ella aún no destruía nada. Mis amistades, mi familia y mi entorno. Quiero volver a sonreír por nada. Disfrutar de las cosas pequeñas sin pensar en qué estará haciendo o con quién lo estará haciendo. Respirar y vivir libre, sacarme las ataduras de su amor tan tóxico. Volver a dormir en paz, una noche entera, sin interrupciones (sufro de insomnio desde que la conocí).

Volveré a hacer las cosas que me gustan. Escribir (pero no para ella), leer, disfrutar de una película, todo aquello que perdí en el camino hacia ninguna parte. Volveré a querer. Lo prometo.

Adiós, mi droga mágica, mi pequeña tormenta, mi todo, y ahora, mi nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario