domingo, 16 de marzo de 2014

La soledad

Pronto será una semana de aislamiento, pero me ha parecido un mes, o quizás más. Hoy recibí la llamada de una amiga, quien estaba muy preocupada por mi. Le dije que estaba bien, que no se preocupara más. Me dijo que ella sabía que no lo estaba. Me dieron ganas de llorar. Y una gran impotencia de que alguien sea capaz de descubrirme sin verme. ODIO que me descubran. Mucho. Me siento débil y a la deriva, como si fuera algo que no puedo controlar. Nada más terrible que esa sensación.

Mi familia no sabe nada de mi enclaustramiento. No quiero que me manden al psicólogo como la vez pasada. Yo estaba bien en ese tiempo, solo un poco confundida, y ellos no fueron capaces de darse cuenta, solo quisieron tapar las falencias de mi temprana adolescencia con un supuesto experto en mis "problemas". Que poco te conoce tu propia sangre.

Mis amigos están preocupados. Inquietos. Y por mucho esfuerzo que hago por darle importancia, simplemente no puedo. La verdad es que no me interesa. La única persona que me interesa, aún no ha dado señales de extrañarme -ni las dará-. En vez de salir a flote, me estoy hundiendo cada vez más. Me ahogo más rápido y las olas de mi tristeza son lo suficientemente fuertes para arrastrarme aún más dentro de la marea. Cada día más rápido. Cada día resisto menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario