sábado, 17 de mayo de 2014

Pena

Tengo pena. Nostalgia. Ganas de encontrar un recuerdo, una señal que me diga que todo esto es un sueño y que realmente, tú no te fuiste. Que aún estás aquí. Conmigo. Sin mi. Pero aquí.

No me había dado cuenta de lo mucho que me haces falta. No he querido acordarme de ti. Evito todo lo que se relaciona contigo, me ahorro la tristeza lo más que puedo, me aguanto las lágrimas hasta que se pudren dentro de mi pecho. Todo lo hago por ti. Todavía.

La vida me ha presentado distintas opciones para olvidarme de que existes, que alguna vez te quise y me enamoré, más que de todo tu cuerpo, de tu mente tan cerrada al amor, de tu personalidad tan excesivamente cambiante y tu inseguridad camuflada en una niña de catorce años que creía saber todo lo que hay que saber para enfrentar al mundo. Me han puesto a tus amigos, a mis amigas, a personas que parecían destinadas a estar conmigo, incluso una especie de reencarnación tuya, más pequeña, más ingenua, más buena. Pero la verdad, es que ni toda esta gente, ni toda la que venga, o los amores de metro/micro/calle que uno jamás olvida, ni los amores platónicos de la televisión, los libros y las películas, ni Matías Vicuña, ni Ariel Roth, ni Andoni Llovet, ni siquiera el imbécil de Fuguet logrará sacarte de mi. Aunque unieran todas sus fuerzas y capacidades en una cruzada, nada, pero nada logra que te alejes. Ellos... no son tú. Ninguno de ellos es como tú. A ninguno va a temblarle la mano si se la toco. O va a dejarme jugar con su pelo sin razón. O completará la frase que estoy diciendo y reirá por ello. Ninguno se meterá tras la pantalla del cine arte Normandie. Ninguno logrará que deje de sentirte.

Mi pequeña, mi hermosa, mi preciosa, mi tormenta, mi droga mágica. Tú sabes todo lo que yo siento por ti. Sabes lo mucho que te amo y como me desviviría por hacerte feliz, por darte todo lo que mereces. Porque tú te mereces el universo entero.
Aún eres la única persona que logra hacerme feliz. Siempre lo eres. Saber algo de ti despierta esas emociones escondidas que no salen a flote con nadie. Imaginar tu sonrisa dirigida a mi, me hace estremecer como la primera vez que hablamos. Pensar en tu cabello, de que color será ahora, jugar con él, tocarlo, tocarte, todo me hace sentir frágil y a la deriva como siempre pasa cada vez que vuelves a aparecer en mi vida. Siempre dejas la cagá, me llenas de confusión y sentimientos encontrados, de rabia y pena y nostalgia y toda la mierda con la que vivo a diario y escondo para no explotar, vuelve a salir. Y no quiere irse. Y no quieres irte. Y no te irás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario