domingo, 31 de agosto de 2014

Un ángel

El año empezó como la mierda, pero como la rial mierda. O sea, igual no fue tan así. Puta, no sé, soy demasiado volátil como para decidir algo sin cambiarlo al segundo después. Ya, si igual no fue tan malo. Avanzó y se convirtió en una pesadilla, de verdad. Todos virando a la universidad y yo ahí, atascada, como siempre, dando la nota alta. Me sentía pésimo, obviamente. Mal. Apartada. Triste, sobretodo. Y llegó marzo. Y llegaste vos. No sé, al principio fue coqueteo tonto, una más a la lista, ya sabes como son las cosas conmigo (¿o no?). Y puta, de a poco te fuiste tornando más real. Diferente de las hueonas que deseaba tirarme para después no hablarles más. Más... importante. Empezamos mal, es un hecho, pero igual nadie comienza totalmente bien. Una semana y se acabó. Igual me dió rabia. Pero lo superé. Lo olvidamos. Y aquí estamos una vez más, como amigas, como fuckbuddys, no sé, y tampoco me importa. La verdad, lo que realmente me importa de ti no son tus besos, ni las ganas de querer culiar (aunque igual importan, un poco) sino que puedas escucharme, que te rías conmigo (o de mi) que seas tan simpática y sobretodo, que nos entendamos tan bien. Eso es lo que me gusta de ti. Esa confianza culiá que me das. No sé, eso. No te voy a decir nada más porque va a ser mamón. Pero lo importante es, que te quiero, María. De verdad.
A ti y a tus fotos de instagram.

martes, 5 de agosto de 2014

Pendeja culiá, como te extraño.

El título lo dice todo.
Pendeja culiá, Jossefa de mierda, maraca insensible que no hizo más que jugar con mi corazón para luego dejarme botada al borde de la deriva sin ayuda alguna. Si, puta de mierda, como te extraño.
Extraño tu cabello camaleónico, tus labios rojos a más no poder, tu piel blanca y suave y fría, congelada. Los dos lunares de tu mejilla, parecidos a los míos. Nuestras conversaciones cuando nos conocíamos, nos entendíamos y sabíamos bien quien era cada una. Extraño esos momentos en los que salvaste mi vida, cuando me sacaste de todo aquello en lo que creí desfallecer y no volver a levantarme más. Todo el entorno creyendo que estaba loca y era una infeliz de mierda, y entonces, sin previo aviso, apareciste. Y borraste todo. Y valiste la pena. Y te amé. Como te amé, como te amé, como te amé.
He rondado muchas calles pensando en ti, fumando ese cigarro que compartimos, preguntándome si alguna vez caminarás a mi lado. Escuchando a Gepe y partiendo mi alma. Leyendo a Fuguet hasta quedarme sin aliento. Pensando en si pensarás en mi, recordarás lo que yo recuerdo, volverás a salvar mi vida, a transportarme a ese mundo nuestro -más mío- que creamos al conocernos. Ese vínculo que, por lo menos a mi, nunca va a abandonarme.
A veces creo que me vas a pesar siempre, que vas a aparecerte en la cara de todos, en los labios que bese, en los pelos que huela. Tu fantasma va a seguirme toda la vida, rondando erróneo, castigándome por dejarte pasar, por enamorarme sin pensar en las consecuencias, por comportarme como una adolescente caprichosa solo por sentirme tan herida y hecha mierda. Por no ser capaz de imaginar un mundo donde tú no existas. Y sobretodo, por sacrificar amistades y familia, pues esos vínculos nunca volverán. Nada nunca volverá.

Yo sé lo que quiero -creo-. Sé que a la larga, diga lo que diga ahora, me la jugaré por estar con la Claudia. Sé que podemos construir algo juntas, que podemos ser felices. Aprovecharemos esa oportunidad que desperdicié en el verano, cuando ella si me quería, pero por tu culpa, pendeja, yo no me dí cuenta, o no quise, porque te quería a ti. Rescataremos eso que tú nos quitaste. Lo sé.

También sé que ahí estarás tú en mi mente, rondando, sonriendo, coqueteando. Que voy a dejarte pasar una vez más, sin medir las consecuencias, sin importar nada. Sé que vas a pesarme por mucho tiempo más. Que, tal vez, vas a atormentarme toda la vida.

Te extraño, Antonia. 
Atte. Matías.


no. no te amo. ya no.