sábado, 12 de diciembre de 2015

We should fucking be together

Me resuena caleta la frase del título. No sé que onda. En verdad, siento que llevo tanto tiempo en este limbo de "soltería acompañada" que ya me acostumbré y en serio no quiero pololear con nadie. No quiero amarrarme. Pero esto no significa que no quiera algo. Aunque no tenga claro con quien.

Repasemos a algunas de las personas de mierda por las que he pasado, o por las que he sentido algo:

Jossefa.

Como siempre, la primera. One and only. Re capitulando, esta señorita, cuyo paso por mi vida fue una tortura eterna entre Agosto del 2012-indefinido, arrasó con toda posibilidad de romanticismo y ternura contenida en mi. Fue como una especie de vampiro. Apareció, succionó todo a su paso y luego me dejó a la deriva sin importarle nada. No exagero cuando digo que la amé. No exagero cuando digo que, de verdad, mi vida no sería nada de lo que es ahora si no la hubiera conocido, si no me hubiera arriesgado a enamorarme de la persona que era por dentro y desenmascarar aquella coraza que se esforzaba (se esfuerza) por mantener. No le pongo color cuando la recuerdo y digo que aún, después de tres años de tormenta a mi alrededor, todavía siento que su fantasma me atormenta y se aparece en todas aquellas personas que le siguieron. A veces aún la comparo con el resto. Trato, después de tanto tiempo, de imitar sus gestos y pensamientos en otras personas. Pero es inútil. Nadie es como ella, ni lo será, por mucho que busque. Ella es de esas personas que encuentras una pura vez en la puta vida, y si sale bien, bien, pero si sale mal, sale como el pico. Nadie jamás se comparará a su sonrisa, su piel, su mirada, su olor, sus manos, sus gustos, sus ideas, sus locuras, sus penas, sus rabias, sus desenfrenados escapes.
Nadie me volverá a enamorar con solo una frase por chat.
Nadie volverá a ser la (mi) Jossefa.

Claudia.

Uf. Como empezar lo que nunca comienza por completo. Aquello que se traduce en solo un par de noches fogosas y después, si te he visto, no me acuerdo, da lo mismo, seguimos siendo amigas. Una noche te declaro que te amo, otro día, apenas te saludo. Como explicar este limbo en el que hemos estado sumergidas cuatro años, sin atrevernos a hacer algo más, solo sintiendo de vez en cuando, culpando al copete y la droga de las acciones que ambas deseamos pero no decimos. Hace más de una año que nos declaramos amor eterno y de eso, ahora, nada. Ambas nos metimos con otras personas sin detenernos ni siquiera a pensar en la otra. Ambas nos contamos cuando nos gusta alguien y lo mucho que nos importan otras personas y que tiramos con quizás que hueón solo pa ver la reacción de la otra, para finalmente terminar la noche compenetradas en lo mismo de siempre, sexo apasionado y sin decir palabra de ello nunca más.

¿Qué romántica relación, o no?

Últimamente ni siquiera hablamos. No desde que tiramos por última vez en septiembre. Ella debe estar tirando todos los días con alguien distinto en la U. Sin pensar en mi, seguro. Para ella, solo me he vuelto una cosa que utilizar cuando no tiene a nadie más. Soy, más o menos, su sexto plato.

Roberto.

"Puta, como pasa el tiempo."
Para recordar hueás como estas, me parece apropiado iniciar con una cita de nuestro principal cupido, Fuguet, quien tanto amor y dolor me ha causado a través del tiempo.
El Roberto fue como un orgasmo en mi vida: fugaz, placentero, y me dejó queriendo más, pero después de que ocurrió, ya no hubo nada que hacer y simplemente me fui.
Lo que pasó después, puro daño colateral.
Pero ese no es el punto. El punto es, que encontré una persona con la que podría hablar horas y horas y, por pura calentura, la dejé ir. Porque si bien como pareja valía callampa, como amigo era excelente. Teníamos tantas cosas en común que no nos aburríamos jamás. Pero si nos aburrimos de los besos, los momentos a solas, las peleas.
Que hueones fuimos ambos.
Nos pasó por ser tan parecidos.

María José.

Me parece correcto terminar esta lista con la última que pasó por aquí. La pendeja culia, la que me tuvo que si y que no un año, la que me hacía feliz y triste a cada rato. Igual lloré, pero no tanto. Igual la hecho de menos, pero ni tanto. Igual pienso en ella...
...pero ni tanto.


Entonces, ¿con quién volvería?
Con ninguno, sacoweas.
Al principio empecé esta lista extrañando, pero ahora que la termino, estoy odiando.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Diego y yo nos volvimos, con el pasar de las semanas y los meses, dos personas inseparables. No concebíamos los días sin el otro. Cuando no nos veíamos, hablábamos por teléfono, whattsapp, facebook. Todo el día, todos los días, estábamos conectados.

Los días en su casa parecían no tener fin jamás. En su habitación, acostados en su cama, mirándonos, sin decir una palabra. Transmitíamos todo con la vibración de estar tan cerca. Sin tocarse ni nada. Esa nada, que era todo a la vez.

-Te amo...- susurró Diego a mi oído una tarde de Septiembre. Mi cuerpo se tensó completamente, mientras el apretaba mi mano, expectante ante una respuesta satisfactoria.

Yo fingí estar dormida.

Apoyó su cabeza en mi cuello y continuó durmiendo.

Sus papás casi nunca estaban, lo que era bastante cómodo para mi pues así no tenía que verle la cara a su madre ni darle explicaciones de por qué había pasado desde un hermano al otro con tanta facilidad. Solo estaba él y Gastón. Este último por supuesto solía evitarme a diario. Me saludaba y no volvía a dirigirme la palabra.

Pero una tarde nos topamos en la cocina. No había vuelta atrás. Diego estaba en la ducha. Yo entré distraída en el lugar, tarareando una canción de uno de mis grupos favoritos.

-Love of lesbian...- murmuró Gastón.
Sonreí levemente.

-Tú los conoces tanto como yo, ¿o no?-
-Yo diría que la que sabes más sobre ellos eres tú.-

Se posó frente a mi, con la mirada desafiante pero a la vez tranquila, lo cual me estremeció hasta el fondo de mi ser.
Lo observé de a poco, con calma, como si quisiera dibujar su silueta en mi mente. Aunque si cuerpo ya estaba más que recordado en mi cabeza.

-Siempre voy a recordar lo primero que me dijiste. Fue sobre esta banda.-
-"¿Los has escuchado alguna vez?"-
Un nudo se formó en mi garganta.
-"Son mi banda favorita."-
Gastón sonrió.
-"Gastón."-
-"Catalina."-

Podía sentir su respiración más agitada. Mi corazón latía a mil por segundo.

-Cata... esto es tan...-
-No lo digas, Gastón. Por favor, no lo digas.-
Me acerqué a él con cautela, tanteando su reacción. Se quedó quieto, como petrificado.

-Cata...-
-Shh...- susurré.
-la Amanda...-
-y el Diego...-
Entonces caí en la cuenta. Diego me amaba.
Me detuve de forma súbita. Con miedo, incertidumbre. Gastón dió un paso atrás, con la cabeza baja.

Respirábamos agitados, asustados, tímidos.

Escuchamos, con sobresalto, la puerta del baño.
Huí de la cocina como una pequeña asustada.

Esa noche me quedé ahí. Los papás de Diego estaban fuera de Santiago, por lo que Amanda y yo constantemente estábamos en esa casa, con las mismas razones. Imaginar que en la habitación continua sucedía lo mismo que en la que me encontraba yo me llenaba de repugnancia.

Pero esa noche, Amanda estaba enferma. Se había quedado en su casa. Escuché a Gastón decirle que la extrañaba mucho y que ojalá se mejorara pronto. Que la iría a ver mañana. Que la amaba.
Diego y yo nos fumamos unos pitos y luego tuvimos sexo escuchando a Crystal Castles. Se quedó dormido profundamente. Yo me levanté. No podía dormir. Prendí el televisor del living. Nada. Me di vueltas por la casa buscando algo que hacer. Miré la habitación de Gastón. La luz estaba encendida. Me quedé pensando en que hacer. En eso el abrió la puerta.

-Escuché ruido.- dijo al verme.
-No puedo dormir...-
-¿Tienes insomnio otra vez?-
-No sé. Diego se mueve mucho tal vez.-

Gastón miró hacia todos lados sin decir nada.

-Ven. Yo tampoco puedo dormir.-

Entré a su pieza con terror. Sentía que no estaba ahí hace siglos. Me senté en la cama, sin saber que decir.

-Estaba viendo una película. Pero me aburrió.-
-¿Cuál?-
-Lucy-
-Scarlet Johanson es capaz de aburrir a cualquiera. Además, esa es muy mala. ¿Sabes cuál es buena de ella?-
-¿Her?-
-¡Esa es bellísima!-
-¿Porque no sale ella?-
-Y porque la trama es muy extraña. Poco investigada.-
-Yo te dije que la vieras.-
-Cuando la vi no pude dejar de pensar en ti.-
-¿De verdad?- me miró extrañado.
-Si... era el hecho de extrañarte tanto, supongo.-
-¿Cuánto tiempo me extrañaste?-
Se hizo un silencio. Miré hacia el suelo y luego levanté la vista directo hacia sus ojos, algo fría.
-Te sigo extrañando.-
No separó sus ojos de los míos.
-¿y Diego?-
-Diego es una gran persona. No niego que me gusta, mucho.-
-...¿y yo?-
-¿Tú qué?-
-¿Qué soy para ti?-
-Supongo que lo mismo que yo soy para ti.-
Se produjo otro silencio, algo incómodo.
-A la Amanda la adoro.-
-No te lo pregunté.-
-Quería que lo supieras.-
-¿Y de qué me sirve saber eso? ¿Qué intentas decirme?-
-Nada. Solo que la adoro.-
-ah...-
-...-
-¿La amas?-
-...-
-Gastón...-
-Puta, no sé, ¿ya?-
-Te entiendo. Tampoco sé si amo al Diego.-
-Deberías. El Diego es seguramente, la mejor persona con la que has estado.-
-¿Y tú?-
-Tú sabes que yo soy una mierda.-
-¿Por qué lo dices?-
-Porque siempre lo he sido- se paró de la cama, algo exhaltado-lo he sido con todas las minas con las que he estado. Lo fui contigo.-
-Si, pero eso es pasado. ¿Por qué sigues pegado en eso?-
-No es solo eso, Cata. Tú no entiendes. Últimamente he hecho cosas que no debería.-
-¿Te cagaste a la Amanda, hueón?- dije, para mi asombro, muy enojada. Casi herida por pensar que alguine le hubiera hecho daño a mi amiga.
-No, no. He tenido oportunidades, pero no lo he hecho.-
-...-
-Hasta ahora.-
-¿Hasta ahora?-
Se acercó a mi en silencio. Yo me quedé quieta, mirándolo fijamente a los ojos. Se sentó a mi lado. Me miró con calidez, como solía observarme en las tardes en esa misma habitación, sin que nadie nos molestara.

Posó su mano en mi mejilla. Yo cerré los ojos, disfrutando esa caricia que tanto había esperado.

-Hasta ahora... que apareciste de nuevo en mi vida.-

Mi corazón se heló. Me quedé petrificada. No sabía que decir, ni que hacer. Con suerte conseguía respirar.

-Cata, no sé que me pasa. No sé que estoy haciendo. Pero siento esto. Esto que sentía antes por ti. Esta incertidumbre sin compresión alguna. Esto que tanto me hizo odiarte.-

Mi respiración agitada estaba en sincronía con la suya.
Continuaba sin moverme.
Gastón comenzó lentamente a acercase a mi, como aquella primera vez que nos besamos en un parque.
Finalmente, sus labios se encontraron con los míos. Con toda mi boca, mis manos, su pelo, sus manos, mi espalda, mis piernas, las suyas. Todo él y toda yo compenetrados en un solo ser.
Me tomó en brazos y me puso debajo suyo. Yo tocando cada parte de su cuerpo, camino conocido. Saboreando sus besos, su cuello. Su respiración y la mía.

Y Diego en la pieza de al lado.
-No...- susurré.
Gastón hizo caso omiso.
-Gastón- dije-No.-
Él me ignoraba.
-¡GASTÓN, NO!-
Entonces pareció entender. Se sobresaltó un poco y luego se quitó de encima mío.
-¿No?- susurró agitado.
-Diego... no...- fue todo lo que pude decir antes de pararme, abrir la puerta y refugiarme rápido en los brazos de Diego, que despertó un poco.
-¿Dónde estabas? preguntó somnoliento.
-Aquí-susurré- siempre he estado aquí.-


Diego salió temprano ese día de la casa, rumbo al colegio. Me dejó desayuno servido y se fue. Sabía que yo no me iría a mi casa y lo esperaría ahí hasta que volviera.
Salí a trotar. Volví. Me dí una ducha en la cual pensé en todo lo que había sucedido con Gastón, y en lo que a la misma vez sucedía con su hermano. No sabía que hacer.

Salí del baño y Gastón estaba frente a mi, esperándome. Al verme solo con toalla, ladeó la cara.

-Gastón, me has visto mucho más desnuda que esto.- dije en tono burlesco, pero él estaba serio.
-Cata... lo de anoche...-
-No pasará de nuevo, lo sé.-
-...si, eso...-

Nos quedamos mirando con la cara llena de dudas, como si quisieramos preguntar mil cosas pero en verdad era solo una que no decíamos porque la respuesta nos llenaba de terror.

Gastón me recorrió con la mirada. Se mordió el labio.
No pude más. Me abalancé sobre él con apuro, tomo su cara y lo besé con tanta pasión que le costó un poco responder. Cuando lo hizo, me tomó por la espalda y me arrastró hacia su cuerpo con fuerza. Me tomó en sus brazos y me llevó hasta su habitación, donde cerró la puerta, como si tuviera miedo de que alguien nos fuera a encontrar.

Hicimos el amor como si nunca lo hubieramos hecho. Como redescubriendo nuestros cuerpos. Olvidamos a Amanda. Olvidamos a Diego. Volvimos, aunque fuera por un momento, a nuestro tiempo que nunca debió terminar.

Nos quedamos abrazados la tarde entera, casi sin hablar. Las palabras sobraban. Él acariaba mi pelo. Yo besaba su mejilla.

Por unos instantes, no nos importó nadie.
Pero eso fue solo hasta sentir de súbito el sonido de la puerta.
Tomé la toalla y me escondí rápido en la habitación de Diego, un poco antes de que él entrara ahí.
Sonrió al verme.

-¡Hola! ¿cómo estás?-
Yo sólo sonreí y besé sus labios intentando de todas las formas posibles hacer que ese beso redimiera mi culpa.

miércoles, 29 de julio de 2015

Desperté bajo la tutela del hermano menor de mi ex. Levanté la cabeza para apreciarlo. Dormía plácidamente, nada parecía inquietarlo. Pasé el dedo con delicadeza por su barbilla, sintiendo una leve barba. Subí hasta su mejilla. Diego era guapo. Casi tan guapo como Gastón. Poseía unos hermosos ojos pardos, que se oscurecían en la noche. Tenía los mismos labios de su hermano. Excepto que no eran los labios de su hermano.

Me levanté de la cama cautelosa para no despertarlo. Salí de su habitación. Fui al patio, prendí un cigarro. Lo apagué. Lo tiré lejos. No sé por qué. Casi inercia. Entré y me senté en el sillón. En eso, la puerta de la habitación de Gastón se abrió. Salió y al verme, desvió la mirada. Pero de forma tímida, evasiva, culposa. Amanda salía del lugar con él. Cuando me vió, su cara de transformó.

-Cata...- susurró. Desviaba la mirada, incómoda. Yo no dejaba de observarla, con rostro impasible, impenetrable.-Cata, eh, hola, ¿qué haces acá?-
-Lo mismo que tú, supongo. Pero en la pieza continua.-

Amanda abrió mucho los ojos. Miró a Gastón sin saber que decir. Este me miró directo, intentando intimidarme.

-la Cata se está tirando a mi hermano chico.- espetó.

Amanda seguía sin reaccionar.

-No, Gastón. No es eso. Tú no entiendes, obviamente.-
-Cata... tiene quince. Igual, ¿no te sientes mal tirandote a un niño tan chico?-
-¿Y tú no te sientes mal tirándote al que a mi me gustaba más que la mierda? Y tú lo sabías, Amanda. No me vengas con discursitos moralistas ahora. No seai cara de raja, amiga.-

Amanda bajó la vista. Noté que sus ojos se pusieron llorosos. También a mi me pasó lo mismo.

-Ya, es tarde. Me tengo que ir- susurró- Chao.- besó a Gastón en los labios rápidamente. Caminó hacia mi y se quedó enfrente.- No puedes condenarme por siempre, Catalina. En algún momento tendrás que madurae y aceptar todo esto.-
-¿Todo esto? ¿Y qué es todo esto? ¿Que preferiste desplazar mi amistad por un hueón? Lo tengo más que aceptado, Amanda. Pero en parte igual te agradezco la mariconada: ahora no pongo las manos al fuego por nadie y me he dado cuenta de que la vida es mucho, pero mucho más fácil así.-

Amanda no dijo nada. Simplemente abrió puerta y se fue.

Gastón y yo nos quedamos solos. Se sentó a mi lado.

-No te entiendo, de verdad, Catalina. No entiendo que es lo que quieres hacer. Por qué haces esto. ¿Es porque estás enojada con la Amanda? Ella no tiene nada que ver, no tuvo nada que ver nunca en nuestra separación. Lo nuestro comenzó después. No entiendo por qué la castigas así.-
-No estoy castigando a nadie, Gastón. No prentendo vengarme de ustedes ni nada por el estilo. Simplemente vengo a estar con Diego. Quiero a Diego. Eso es todo. ¿Es tan dificil de entender?-
-¿Por qué Diego?-
-Porque si. Que te importa.-
 Gastón suspiró.

-Si hubieras hecho esto antes, quizás me hubiera dolido. Ahora, me da igual.-
-No me importa, Gastón. No me importas.-
Sonrió.
Por la mierda, esa sonrisa.
-No seas mentirosa, Cata. Igual te gustaría hacerme daño de alguna forma. Admítelo.-
-¿Por qué querría yo hacerte daño?-
-Porque yo te lo hice a ti.-
-No. Yo nunca sufrí por ti. Si estaba contigo era por el sexo no más. El sexo era bueno.-
-El sexo era increíble...-
-Pero ya pasó. Ya fue.-
-¿Te acuerdas cuando casi nos pilla mi mamá?-
-¿Cuál de todas las veces?- reí.
-Cuando fue a comprar a la esquina y aunque llegaba en dos minutos, tú querías hacerlo igual. Abrió la puerta y te encontró encima mío. Vestida, menos mal. Igual después me dió una charla dse veinte minutos sobre los embarazos no deseados.-
-Tu mamá y sus charlas. Igual me cae bien, conmigo siempre fue cariñosa. Me enseño a hacer porotos.-
-Si me acuerdo. Cuando casi incendiaste la cocina. Mi papá estaba muy asustado. Pensó que ibas a explotar toda la casa.-
-Tu papá es tan tierno. Recuerdo cuando me iba a dejar a la casa a las cuatro de la madrugada. Y tú te quedabas conmigo.-
-Porque estabas siempre muerta de borracha. No te podía dejar sola.-
-Y nunca lo hiciste. Gracias por eso.-
-Aunque una vez me vomitaste una camisa.-
Nos echamos a reír los dos, sin pensar en lo extrañamente ridículo que resultaba ese momento.
Se formó un silencio algo denso.
-Te amaba... nunca te lo dije. Nunca te dije ni siquiera te quiero.- soltó de pronto Gastón.
Lo miré muy sorprendida. Mis ojos comenzaron a lagrimear de nuevo. No podía creer lo que acaba de decir. Gastón me amaba. Me amaba y yo nunca me di cuenta.
-Gastón...- susurré.

Sentimos como se abría la puerta de la habitación de Diego y este salía con ojos somnolientos. Al verme, sonrió de inmediato. Yo le sonreí de vuelta. Gastón se levantó y se fue a su pieza al notar que sobraba. Nuestro momento ya había pasado. Ahora era el turno de Diego.

viernes, 10 de abril de 2015

Cuanto sufrimiento a veces tiene que aguantar solo una persona. Cuantas veces debes tragarte todo el orgullo, las ganas de gritar, llorar, huir lejos, solo para continuar viviendo una vida paupérrima y carente de cualquier sentido. Cuantas veces debemos aguantar esto.

No me quejo mucho, la verdad. Actualmente las cosas van bastante bien. Balanceadas. Se va una persona, entra otra, y así. Pero se van demasiadas. En realidad, echo a muchas personas de mi vida. Porque sí. Porque ya no las quiero cerca. Pero las necesito. Eso no puedo negarlo.

Me considero totalmente cobarde pues no puedo dejar de buscar en el pasado para poder conllevar este presente que muchas veces se me va de las manos. No puedo dejar de buscarla a ella. Pues su presencia cercana sigue siendo lo único que me tranquiliza. Y me da fuerzas y un motivo real para vivir.

jueves, 5 de febrero de 2015

Mientras iba en la micro recordaba flashbacks de las veces anteriores que había estado en esa casa. Gastón y yo jugando en la Xbox. Gastón y yo viendo una película. Acurrucados en su cama. Teniendo sexo en la pieza de sus padres, solo porque la casa estaba vacía. Solo porque sí.

Cerré los ojos y fue inevitable acercarme cada vez más a todos los momentos en que él y yo habíamos estado juntos en aquel lugar. Recorrimos la casa entera: su pieza, el sillón, la mesa de la cocina. Porque estábamos solos. Porque podíamos.

Me bajé de la micro con cierta incertidumbre y cierto terror. Caminé esas calles ya más que conocidas por mi subconsciente y me paré frente a la puerta de entrada, sin saber por qué chucha estaba ahí, que estaba haciendo en ese lugar. Gastón ya no me quería ahí. Hace rato.

Se formó un nudo en mi garganta y ahogué un sollozo. Miré hacia el cielo intentando ahuyentar las lágrimas que luchaban hace tanto tiempo por salir, pero una de ellas logró escaparse de todas formas. No quería estar ahí. No con Diego.

Estuve unos minutos debatiendome si entraba o no a ese baúl de recuerdos, cuando el sonido de mi celular me sacó de todo pensamiento.

-¿A...aló?- contesté indecisa.
-Cata, ¿dónde estás?-
-Eh... acá, acá afuera.-
-¿Y por qué no me avisaste antes?-
-Eh... no tengo plata en el celular.-

Diego cortó y me abrió la puerta. Se abalanzó sobre mi y unió sus labios a los míos con prisa, tomándome totalmente por sorpresa. Le correspondí algo fría. Él notó la distancia.

-Oye, tranquila. Estoy solo. El Gastón no está.-

Debo reconocer que esa frase me tranquilizó un poco. Obviamente no estaba preparada para verlo otra vez. Menos si Amanda estaba con él.

Sonreí sin ganas y entramos.

-Me tenías muy preocupado, Cata. Como no respondías mis mensajes ni me llamabas, pensé que te había pasado algo malo.-
-Estaba ocupada, ya te dije.- Me tiré en su cama y cerré los ojos, en un  intento por dormir bastante tonto, ya que no tenía nada de sueño.
-Da lo mismo. Lo importante es que ahora estás aquí.- acarició mi mejilla y me besó rápido.- Y estamos solos. Podemos hacer lo que queramos.- Comenzó a besar mi cuello. Apreté los ojos con fuerza tratando de exorcizar el recuerdo de Gastón haciendo lo mismo.
-Diego...- susurré- ¿Y si llegan tus papás?-
-No van a llegar. Fueron a la playa por el día. Van a llegar en la noche. Tranquila.- continuaba besándome y recorriéndome y yo solo conseguía recordar esas mismas situaciones vividas en la habitación continua.

Al final si nos acostamos. Debía admitirlo, Diego era apasionado y sabía bien donde tocar. Pero de todas formas, estuve ahí como si no estuviera realmente. Ausente todo el rato. No podía evitarlo.

-Hace falta un cigarro ahora.- dije mientras apoyaba mi cabeza en su pecho.
-¿El típico cigarrito post-sexo?-
-Ese mismo. Suelo fumar luego de acostarme con alguien. Es una especie de costumbre arraigada.-
-Si quieres vamos al patio. No podemos fumar acá adentro.-
-No. Mejor durmamos.-

Y nos quedamos dormidos abrazados, como la primera vez que hablamos.


---------------0----------------

Cuando abrí los ojos, Diego seguía dormido junto a mi. Miré la hora en mi celular. Las tres en punto. El estómago me rugía de hambre. Me levanté con cuidado de no despertar al cabro chico, me puse una camisa de él sin abotonar y partí a la cocina.

-Mmm...- murmuré-Como siempre, no tienen lo que yo quiero comer.-

Al final saqué un vaso de jugo y una manzana.

Me dispuse a cortar la manzana cuando sentí unos pasos en dirección a la cocina y luego una presencia cerca de mi.

-Diego, despertaste-dije sin mirar-Tengo hambre. ¿Por qué no me cocinas algo?-
-Porque Diego no sabe cocinar.-

Esa frase me dejó completamente paralizada. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo y se me aceleró el corazón. Volteé para comprobar quien era. Efectivamente, no era el pendejo.

-Gas... Gastón...- un hilo de voz fue todo lo que salió de mi garganta.


------------------------0--------------------------

-¿Qué cresta estai haciendo en mi casa, Catalina?- masculló Gastón. Su voz me dió más miedo aún.
-Yo... yo vine a ver a Diego. No sabía... se supone que tú no... él me dijo que estaba solo y yo... yo no pensé...-
-¿Y viniste a ver a mi hermano así? ¿En pelota?-
-No, no, Gastón, yo...-
-¿Qué mierda estás haciendo?¿Pervirtiendo a mi hermano chico?¿Qué chucha tienes en la cabeza?-

Entonces pude recuperar un poco mi voz.

-No, Gastón. No vine a pervertir a nadie. El Diego tampoco es ningún cabro chico. Sabe lo que hace.-
-¿Y tú sabes lo que haces? Como no te buscai a alguien de tu edad, Catalina. Él tiene quince años, ¡quince!-
-Yo no obligué a nadie a hacer nada, así que, ¿cálmate un poco porfa? Si esto a ti no te afecta en nada.-
-Obvio que me afecta! Él es mi hermano chico. Tengo que cuidarlo de las minas como tú.-
-¿Las minas como yo? A ver, ¿cómo son las minas como yo?-
Gastón se me acercó. Esa cercanía me hizo estremecer.
-Perras.- dijo simplemente.
Medité un momento. Hijo de puta, pensaba, hijo de la gran puta. Me acerqué a él para intimidarlo, pero me intimidé más yo.
-¿Sabes? el Diego debería cuidarse más de ti. Porque yo podré ser perra, pero tú eres el maricón más grande que he conocido. Y eso, querido mío, es mil veces peor que ser una perra.-

Gastón no se alejaba. Podía notar su respiración más encolerizada a cada segundo.

-¿Estás aquí para espiarme?-
Sonreí.
-¿De verdad crees que me importas tanto como para espiarte?-
Abrió la boca para decir algo, pero lo interrumpí.
-Mira Gastón, yo vine aquí a estar con Diego, porque él me gusta, me vuelve loca, me calienta, me encanta. No vine a verte a ti. Esto es solo una coincidencia muy desagradable. Pero que te quede claro, desde ahora y cada puta vez que me veas acá, que yo no vengo a espiarte ni a saber nada de ti, porque si no me importaste cuando estábamos juntos, mucho menos me interesas ahora. Por mi, puedes irte a la cresta y no volver y te aseguro que no me va a interesar en lo más mínimo, ¿te queda claro, o eres tan hueón que hay que explicarte con dibujos?-

Estábamos tan cerca que podía oler su aliento. Sus ojos expresaban lo enojado que estaba, y su respiración acelerada me daba un poco de miedo, pero no daba un paso atrás.

Bajó levemente la vista hacia mi busto y mi vientre. Seguía respirando rápido. De pronto cerró los ojos y los volvió a abrir.

-Ándate a la cresta, loca de mierda.-

Dió media vuelta para irse, pero para sorpresa de ambos, ahí estaba Diego, observándonos impasible.


-------------------0--------------------

Gastón simplemente se dirigió a su pieza sin decir nada, cerrando la puerta con tanta fuerza que retumbó por toda la casa.

Diego dirigió su mirada ante mi, pero antes de que pudiera decir algo, me adelanté.

-Por favor, no digas nada. Era obvio que cuando tu hermano y yo nos viéramos una pelea iba a estallar. Pero no es necesario hablar de eso.-
-No sé que decir. No caché nada. Yo llegué al final. Con suerte conseguí escuchar "loca de mierda".-
-Mejor así.-

Dirigí la vista al suelo. Diego me abrazó.

-Ya, Cata. Tranquila. No te apenes por nada de lo que Gastón diga. Siempre dice cosas hirientes cuando está enojado, pero en el fondo, no las siente. Como todos.-
-Como todos- repetí.

Me dejé envolver por el abrazo cálido de Diego. Sus brazos me reconfortaron de verdad. Esta vez no tuve que fingir nada, simplemente me entregué al cariño que este pendejo me ofrecía.

martes, 3 de febrero de 2015

-Tienes una mancha en la cara.- fue lo único que conseguí escuchar. Estaba tan absorta en mis pensamientos que prácticamente, no estaba ahí. Me había teletransportado a un lugar muy muy lejano, en el que Gastón, Amanda y Diego no existían. Bueno, tal vez Diego si, pero solo para entretenerme un rato. Llevábamos un par de semanas saliendo y besándonos como si fueramos una verdadera pareja de enamorados. Excepto que yo no sentía absolutamente nada y él, al parecer, cada vez sentía más.

-Cata- Diego movió mi brazo con delicadeza, casi con miedo. -¿Estás bien? ¿te pasa algo?-

Miré hacia el cielo. Obvio que me pasaba algo. Me pasaba que existía, y existía donde no quería estar. Con quienes no deseaba estar.

-Salgamos de acá, por favor. Vamos a un lugar más tranquilo.- dije tomando su mano y sacándolo de la heladería en la que estábamos. Pobre mesero, ni cuando se dió cuando nos fuimos.

Caminamos en silencio por calles pequeñas y desconocidas, hasta llegar a un edificio abandonado cerca del metro Salvador.

Sonreí.

-Ven.- dije tomando a Diego de la mano. Él se quedó quieto.
-No. ¿Y si hay alguien adentro?-
-No hay nadie, vamos.-
-Pero Cata...-
-Diego, no seas tan gallina. Vamos.-

Al final lo convencí y entramos. Subimos una escalera llena de polvo, rodeada de paredes con diversas frases en ellas. Una me llamó mucho la atención. Decía "Vamos a darnos indiscriminadamente a todo lo que sugieren nuestras pasiones, y siempre seremos felices... La conciencia no es la voz de la naturaleza, sino sólo la voz de los prejuicios." Apreté la mano de Diego.

Subimos hasta llegar al tejado. El lugar estaba completamente desierto. Al abrir la puerta, unas palomas volaron asustadas. Cerré los ojos y me dejé envolver por la calma. 

-Te dije que estaba vacío.-
Diego rió.
-Ven- extendió sus brazos.

Nos acurrucamos en el suelo algo polvoriento del sitio, mirando hacia las nubes anaranjadas por el sol que poco a poco comenzaba a ocultarse.

-Que bello todo esto.-
-Todo, todo esto. Si, muy bello.- besó mi nuca. Algo en ese beso me hizo tiritar. Sentir una especie de cosquilleo en mi estómago. Tomé su cara y besé sus labios, esta vez mucho más segura que las otras veces. Sentí su respiración volverse más intensa y, sorprendentemente, la mía se aceleró también. Sus manos comenzaron a recorrer mi espalda, mientras las mías se paseaban por su cabello. Mordí su labio y me acomodé encima de él, lo que le provocó un pequeño gemido. 

-Cata- dijo con sus labios aún pegados a los míos. -Cata, espera.-

Lo miré directo a los ojos.

-Tranquilo-susurré-yo me encargo de todo.-

-----------------o------------------

Cuando desperté, eran las diez de la mañana de un día viernes. Me levanté sin saber bien a donde ir o que hacer. Recorrí mi casa en busca de un panorama, pero estaba todo vacío y desolado. Miré mi celular. Los mensajes de Diego llovían preguntando en donde estaba, como estaba, si me pasaba algo, que quería verme, que me extrañaba. 

Suspiré. Hace más o menos una semana, le había quitado la virginidad. Fue un momento lindo, duró poco, como las primeras veces. Seguro que para él había sido un momento más que especial. Pero para mi no había sido gran cosa. No había sentido mucho. Y me sentía mal por eso. Me sentía mala, sucia, manipuladora. No sabía como reaccionar. No sabía si debía seguir adelante con esto o detenerme mientras podía. Mientras no sentía nada por él.

Decidí llamarlo.

-¡Hasta que apareciste!- la alegría en su voz era palpable. Apreté los ojos con fuerza.
-Si, perdona. Estuve ocupada. Mi mamá... tuvo unos problemas y yo...-
-No tienes que darme explicaciones. No te las he pedido.-
-Perdón, es que me sentía mal.-
-Deja de pedir perdón. No has hecho nada malo.-
-Bueno.-
-...-
-...-
-...¿Estás bien? Te noto extraña.-
-Estoy algo cansada.-
-Si quieres hablamos cuando te sientas mejor.-
-No, estoy algo cansada. Pero de estar en mi casa.-
-Oh. Si quieres puedes venir a la mía. Mis papás no están. Podemos hablar.-
-¿Cuándo? ¿Ahora?-
-Si quieres...-
-Dale, voy.-
-¿Recuerdas como llegar?-
-...-
-¿Cata?-
-Si, si me acuerdo. Nos vemos.-



sábado, 31 de enero de 2015

-Nunca me han gustado mucho los lucky click.- dijo Diego mientras inhalaba el humo del cigarro-muy caros, muy sobrevalorados.-
No pude evitar soltar una risa sarcástica.
-¿Tienes una opinión para todo?- arqué una ceja.
-La verdad, si. Una opinión que la mayoría de las veces es negativa, y las otras, neutral.-
-O sea, jamás opinas positivo sobre algo.-
-Casi nunca.-
-Ah.-

Miré a la nada. Los autos pasaban apurados, contaminando acústicamente la bella ladera de San Lucía en la que estábamos instalados. Nos quedamos en silencio, sin mirarnos. Comencé a sentir la incomodidad del cabro chico, así que decidí romper el hielo.

-¿Por qué quisiste que nos juntáramos?-
Se encogió de hombros.
-No sé. De borracho quizás.-
-...ah...-
-...-
-...-
-...-
-No estabai tan curao' eso si. Estabas mucho mejor que yo.-
-Es que tu estabas casi muerta. Cualquiera estaba mejor que tú.-
-Ni tanto. Después de un rato se me pasó.-
-...-
-Te fuiste sin decir nada.-
-Tenía que llegar temprano a mi casa. Te lo dije cuando me levanté. Ni te moviste.-
-Tenía sueño.-
-Y casi un coma etílico.-
-Ya, córtala. No estaba tan borracha.-
-Da lo mismo igual. No me interesa.-
-...-
-...-
-Parece que solo eres simpático cuando estás borracho.-
-¿Por qué? ¿te estoy cayendo mal ahora?-
-Un poco.-
-Puta, perdón.-
-Da lo mismo igual. No me interesa.-

Sonrió mientras botaba el humo por la nariz.

-Tú igual puedes caer mal si quieres, parece.-
-Yo puedo hacer lo que yo quiera.-
-¿Ah si?-
-Obvio.-
-Dame una prueba.-
-Para qué. No necesito probarle nada a nadie.-
-Chucha, bueno, pero no te enojes tampoco.-
-No me he enojado. Es que esto es...-
-Raro.-
-Sí.-
-...-

Miré la hora distraída.

-Es tarde. Yo creo que mejor me voy.-
-Cata, son las cuatro y media. Quédate.-
-¿Cómo sabes que me llamo Catalina?-
-Tú me lo dijiste la otra noche.-
-No, nunca te lo dije.-
-Estabai tan curá que ni te acuerdas.-
-Chao, Diego.-

Me levanté y caminé en dirección al metro, pero él me detuvo.

-Mira, perdón, no quise ser antipático. Es que me cuesta relacionarme con las personas. Disculpa si te hice sentir incómoda, pero no te vayai porfa.-

Algo en sus ojos color pardo me llamaba a quedarme, al mismo tiempo que me repelían.

-Te pareces tanto al Gastón.- susurré.

Nos quedamos callados un rato.

-Me acuerdo que una vez fuiste a mi casa. Jugaste call of dutty con el Gastón. Le diste la media paliza. Él se picó. Te gritó "Cata culiá, eres una tramposa."-

Entorné los ojos.

-Pensé que nunca me habías visto. Yo siempre iba cuando Gastón estaba solo.-
-Ese fue el único día que te vi. Me gustó tu pelo. Y tu sonrisa. Y que supieras jugar tan bien. Al tiempo después le pregunté al Gastón que había pasado con la mina que sabía jugar call of dutty. Lo único que me dijo fue que no me metiera en su vida. Nunca entendí por qué no quiso hablar de ti.-

Bajé la cabeza.

-Tuvimos una... una discusión tonta y... y nos alejamos.-
-Ah. ¿Ya no se hablan?-
-Es como si no nos conociéramos.-
-Pucha. ¿Tú lo querías?-

Un nudo se formó en mi garganta. El estómago me comenzó a dar vueltas. Odiaba hablar de Gastón. Solo era capaz de recordar sus besos y caricias, sus palabras bonitas, sus manos. Todo aquello que ahora mi amiga estaba aprovechando. Era obvio que quería a Gastón. Más que la cresta. Fue una gran persona conmigo. Hasta que me sacó de su vida y no me dejó volver a entrar jamás.

Suspiré y encendí un cigarro.

-Igual si. un poco.-

Diego acarició mi mejilla.

-¿Te digo algo? Nunca he jugado call of dutty con alguien tan seca como tú.-

Noté su cercanía. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. No. Diego, no, pensaba, pero a la vez solo quería sentirme menos sola.
Uní mis labios a los suyos con la esperanza de encontrar un dejo de los labios de Gastón ahí. Un recuerdo de aquellos días que pasamos juntos. Pero no conseguí nada. Era territorio totalmente nuevo. Un beso de quinceañero, tímido, con miedo a meter la lengua, y cuando al fin la mete, no sabe controlarla. Me dió pena. Me dió rabia, Nostalgia. Una verdadera maraña de sentimientos. Por qué estaba haciendo esto.Por qué me hicieron esto a mi. ¿Qué fue lo que hice mal para que me pagaran de esa forma? ¿Tan mala fue con Gastón para que buscara consuelo en una de mis amigas más preciadas? ¿Tan mala amiga fui para ella que fue capaz de meterse con Gastón? ¿Por qué tenía amigas tan maracas? ¿Por qué tenia amigas tan perras? ¿Acaso yo era una perra? Eso ya lo sabía. Pero no pensé que ella podía serlo también. Esto estaba bien. Esta era mi venganza. Tomé el rostro de Diego entre mis manos y lo acerqué aún más a mi. Sentí como su respiración se agitaba. Mordí su labio, jugué con su lengua. Él era la dulce venganza que, sin buscar, había encontrado. El hermano chico. No es precisamente un acto moral, pero bueno, en este caso no no podemos dar el lujo de ser morales con quienes no les importamos una mierda, ¿o si?. Diego era la pieza perfecta que necesitaba para cagarme como quería a Gastón y a Amanda. Mi gran amiga Amanda. ¿Sería capaz de hacer eso? ¿por qué lo haría? La verdad de por qué iba a hacerlo, la verdad... es que aún sentía cosas por Gastón. Eso es obvio. Amanda no dejaba de ser mi amiga. No es como si todas las cosas que habíamos pasado juntas se hubieran esfumado en el minuto que supe que se estaba tirando al mino. No es como si todos los momentos con él se hubieran desvanecido al instante en que los vi besarse por primera vez.
Me imaginé en su lugar. Cuando era yo quien tocaba esa boca. Cuando era yo la que pasaba las manos por ese pelo o tomaba sus dedos entre los míos, Cuando era yo la que recibía esos abrazos o esas sonrisas tan bellas, propias de Gastón. Yo estuve mucho antes de que ella llegara. Ella lo sabía. Por la chucha, ella lo sabía.

Con todos estos pensamientos en la cabeza me alejé de la boca de Diego, un poco asustada. Él intentó recuperar el aliento.

-¿Estás bien?-preguntó intentando mirarme a los ojos, pero yo desvié la mirada.
-Si... es que yo... yo siempre pienso mucho las cosas. Y en eso estaba ahora.-
-¿En qué pensabas?-
Sonreí y le di un beso rápido.
-Nada. Cosas tontas.-

--------------------------o-----------------------------

-Mentira.- dijo Andrea mientras le comentaba sobre lo ocurrido con el pendejo.
-Verdad.-
-¿Por qué lo hiciste?-
-¿Y por qué no?-
-Es el hermano chico del Gastón. Media incestuosa la hueá.-
-Nada que ver. Él me pateó hace mucho tiempo. Tengo todo el derecho a seguir mi vida.-
-Obvio que si, pero no con su hermano chico po Cata.-
-¿Y por qué no? ¿cuál es el problema?-
-Yo creo que le va a molestar-
-No me puedo importar menos lo que le moleste o no al Gastón. A él le importa un cuesco mi vida, ¿por qué debería preocuparme por la suya?-

Andrea me miró con cierto dejo de lástima, cosa que más odio en el planeta.

-Estás más que picada, Cata. Por eso haces esto. Mira, yo soy tu amiga, yo no te juzgo. Te he visto hacer tantas cosas estúpidas que ya me da lo mismo. Así que, mientras tú no salgas herida, todo bien.-hizo una pausa-Puta, y tampoco le hagas daño al pendejo. Si vas a usarlo, al menos que no se entere.-
-¿Y a ti quién te dijo que voy a usarlo?-

Andrea suspiró.

-Como sea, Cata. Cuidado con lo que haces.-
-Siempre tengo cuidado, Andrea.-
-No seas mentirosa, siempre haces todo de forma impulsiva y te terminas cagando sola.-
-¿Sabís que? enrólate uno mejor.-



viernes, 30 de enero de 2015

Nosotros estuvimos juntos. Lo estábamos incluso mucho tiempo antes de que ellos se conocieran. Él y yo. Inseparables.

Pero por supuesto, la vida siempre trae reveses. Terminó conmigo. Está bien, puta, yo igual lo hubiera hecho. Me estaba volviendo una amargada del demonio, no soportaba su cercanía, mucho menos su persona. Yo también quería terminar eso. Salvo que no quería. Porque lo quería.

Y es cierto que esta vida siempre da vueltas y vueltas. Es como una maldita rueda. Al tiempo después descubrí que estaba con una de mis amigas. Pero no con cualquiera. El muy hijo de puta se fue a meter con esa amiga, la típica que uno cree que jamás en la vida te va a traicionar.

Obvio, me sentí mal. Usada. Más traicionada que la cresta. Pero, ¿qué iba a hacer?. Si cada uno es dueño de vivir lo que quiere y con quien le plazca. La libertad, concepto que tanto buscamos. Quien diría que muchas veces, es lo que menos deseamos.

Como la hipocresía es algo tan común en esta Tierra, fue algo que con mucha facilidad pude enfrentar. Soportaba la mentira directo en la cara, con una sonrisa tan falsa que hasta me daba miedo sonreír por temor a que alguien fuera a notar que estaba mintiendo. Al final si, se dieron cuenta.

Mi amiga me contó el tema y que otra cosa iba a hacer yo sino tragarme cada palabra de odio que le había dicho en mi mente y fingir que todo aquello era tan ajeno a mi que no siquiera tenía opinión. En ese minuto supe dos cosas. La primera, puta que sé fingir. La segunda, mentirosos de mierda, ya sé como me los voy a cagar.

Resulta que él tiene un hermano menor. Un hermano que a mi siempre me atrajo.


I.

-Déjate de tomar tanto tequila hueona, te vas a ir por un tubo.- me decía la Andrea, pero yo ya no la escuchaba. Estaba demasiado borracha.- Ya, basta- me quitó el vaso y el limón- no te quiero llamando a tus exs a las cuatro de la mañana.-

-Que eres escandalosa por la mierda. Si estoy bien, ¿no me ves?- Hice un esfuerzo por pararme, pero caí directo al suelo. Andrea suspiró.

-Siempre te tengo que estar cuidando, Catalina. Siempre tengo que estar pendiente de ti.-me retaba mientras me ayudaba a levantarme-¿no puedes ser un poco más consciente?-

-Ay, Andrea, mira, lo que pasa es que tú...-

-Hola Cata- me interrumpió una voz de pronto.-¿Te acuerdas de mi?- Lo miré de arriba a abajo. La verdad no tenía idea de quien cresta era. Era guapo, eso sí. Tal vez me lo había tirado en algún carrete. Tomé un sorbo de vodka del vaso de la Andrea y le dije:
-No. No tengo idea de quien chucha eres.-
El tipo sonrió.
-Sabía que no te ibas a acordar. Yo soy el amigo del Alvaro. Nos conocimos en la fiesta de cumpleaños de él...- De pronto dejé de escucharlo. Alguien me llamó la atención. Un niñito, quinceañero, estaba al fondo del lugar, fumando solo, mirando la noche. Algo me hizo acercarme a él. Una especie de magnetismo. Una calentura.

-¿Tenís fuego?-
Me miró medio extrañado. Sacó un encendedor de su bolsillo y me lo pasó sin decir nada.
-Gracias.-susurré-Tú... tú eres el hermano chico de Gastón, ¿cierto?-
Volvió a mirarme, esta vez más extrañado. Botó el humo por la nariz.
-Si, ¿cómo lo sabes?-
-Yo... yo era amiga de tu hermano. Una vez vi una foto en la que salías con él. No me olvidé de tu cara.-
-¿Por qué no?-
-Tienes unos ojos muy bonitos. Diego, ¿verdad?-
Volvió la vista al horizonte y asintió apacible.
-¿Me puedo quedar acá contigo? Es que ese tipo me anda persiguiendo y me da miedo estar sola-
-Creí que estabai con esa mina de allá, la pelirroja. Las vi todo el rato juntas.-
-Ah, o sea me estabas mirando.-
-La verdad no. Solo eché una ojeada a la gente por si alguno valía la pena.-
-¿Y?-
Volvió a mirarme, esta vez con más intensidad.
-La verdad, ninguno vale la pena.-
Pendejo de mierda antipático, pensé. Sabía que esa era la señal para irme, pero algo me retuvo.
-¿Y cómo sabes que ninguno vale la pena si no has hablado con nadie?-
-Porque a la gente puedes sacarle la foto solo con mirarla. Con observarla un poco. Se delatan solos.-
-A ver, y observándome, ¿qué ves?-
Se me acercó un poco.
-Una hueona triste que cree que tiene oportunidad de tirar con un cabro chico.-
Dicho esto, sacó otro cigarro, me quitó el encendedor y lo prendió con calma.
-¿Y quién dice que quiero tirar contigo?-
-Nunca dije que quisieras tirar conmigo. Te acabas de delatar sola.-
-Pendejo culiao. No tiraría contigo aunque fueras el último hombre en el mundo, ¿estamos?-
-Lo veo difícil. Los seres humanos muchas veces necesitan el sexo. Y tenis una cara de ninfómana que no te la puedes.-
-A ver, escúchame bien niño, tú no tienes ni idea de nada sobre mi, así que no vengas a tratar así si no quieres que te pegue una patá en las bolas.-
-Yo si sé quien eres. Eres la típica mina que escucha One direction, ve series de amor en el cable, se emborracha siempre y cree que es super bacán por eso. Ah, y seguramente tiene la cagá en su vida.-
No pude evitar reír.
-Te equivocaste en casi todo. De partida, me carga ese grupo. Yo soy de la onda Crystal Castles, Daft punk, Placebo, Skrillex, esas cosas. No veo series de amor, veo Skins, en Netflix. Si, de vez en cuando me emborracho, y me siento patética por eso. Si, tengo la cagá en mi vida. Pero no me quejo por eso.-
Cuando terminé de hablar, me observaba de forma distinta. Ya no estaba tan extrañado.
-¿Te gusta Skins?- preguntó curioso.
-Me encanta. Lloro cada vez que muere alguien.-
-Oh, yo igual. ¿Cyrstal castles? ¿en serio?-
-Alice Glass es el posible amor de mi vida.-
-Oye, aléjate, ella es mía.-
-No, eres muy chico para andar con mujeres de su edad. Yo tengo dieciocho, más aceptable.-
Por primera vez, dejó de estar serio y comenzó a reír.
-El amor no tiene edad, ¿lo sabías?-
-Obvio que lo sabía. Solo era un excusa para alejarte de Alice.-
-Estai loca.-
-La locura es sinónimo de felicidad.-
-Mira tú.-
Nos quedamos mirando en silencio un rato. Luego, sonrió.
-Acompáñame. Tengo algo para que compartamos.- dijo caminando hacia la calle.

Estaba vacía. Todos estaban muertos adentro. Miré a la Andrea. Se estaba tragando al tipo que se había acercado a hablarme.

Diego se sentó en la cuneta. No pasaba ni un alma. Luego sacó una botella de vodka del bolsillo interno de su chaqueta.
-Haz los honores.- dijo pasándomela. La observé y luego sonreí.
-Hagamos un juego. Cada vez que tomemos, debemos decir algo de nosotros. Aprovechamos de emborracharnos y, de paso, derribar los prejuicios que tenemos del otro.-
En su cara se dibujo una sonrisa maliciosa que admito me encendió un poco, pero me controlé.
-Acepto. Parte tú.-
-Ehh... una vez estaba tan enojada con mi vecino que le quebré todos los vidrios del auto.- Bebí un sorbo. Diego me miró con los ojos muy abiertos.
-Media hora antes de que tú llegaras, me estaba comiendo a la dueña de casa en el baño.- Dijo apoderándose de la botella.
-Mi mamá me echó de la casa cinco veces en un año.-
-Mi papá me obliga a compartir con la familia todos los domingos. No me dejan salir ese día.-
-Cuando tenía quince, creía que era lesbiana.-
-Mi película favorita es Amelie.-
-La mía igual.- sonreí.
La cosas se fueron tornando más intensas y personales a la vez que la botella se vaciaba.
-Soy virgen- susurró de pronto mirando al suelo, como si se avergonzara de ello.
-Yo no. Perdí la virginidad con mi tío de cincuenta años, cuando yo tenía catorce.-
Diego me observó anonadado. No pude evitar explotar de la risa.
-Es mentira, tonto. ¡Que asco!-
Esbozó una sonrisa tímida. Dió el último trago a la botella.
-Creo que soy bisexual.- de nuevo miraba hacia el suelo, avergonzado.
Me acerqué a él, hasta oler su aliento a cigarro. Miró en dirección a mis labios y la respiración se le aceleró.
-Yo creo que eres gay.- susurré en su oído, me levanté para salir corriendo, pero caí directo al pasto.-Estoy muy borracha, creo que voy a dormir acá.- me acomodé y comencé a mirar como la noche comenzaba lentamente a morir para dar paso a un nuevo día.-Ven.- lo llamé-ven acá a mi lado.-
Diego me observó un instante. Luego se levantó con dificultad y se tendió a mi lado. Nos acomodamos para dormir, ahí, en el pasto, afuera de la casa de la mina que hace horas atrás, él se había estado comiendo.
Me abrazó por detrás.
-A ver, cuidadito, niño.- lo reté.
-Tranquila, potra. Estoy demasiado cagado de sueño para hacer algo ahora.-
-Me alegro.-

II.

-Despierta, Cata, por la cresta, mira donde estás durmiendo-la voz de Andrea me devolvía a la realidad.
-¿Qué hora es?-dije en voz baja.
-Son las doce y media. Tenía que estar en mi casa a las once, pero me quedé raja.-
-Mucho trabajo anoche yo creo.- dije sentándome lentamente.
-Ay, cállate. Me dejaste sola, tenía que hacer algo-contestó coqueta- a ti no te fue tan mal tampoco. Harto rico estaba el cabro chico.-
Chucha, Diego. Miré hacia todos lados, pero ya no estaba. Me paré rápido con la excusa de ir a buscar mis cosas, y aproveché de observar la casa. Ni rastro de él.
Ah, pendejo de mierda, no importa, pensé. Tomé mi bolso, a la Andrea y salimos del lugar.

Mi amiga se fue corriendo al metro para llegar rápido. Yo tomé una micro a cualquier sitio, total, prisa no tenía. En la micro me puse a buscar mi celular, y al revisar los bolsillos de mi chaqueta, encontré una petaca de vodka con una nota encima.
"Drink up, little girl.
(Lunes, Santa lucía a las 3.)"

Sonreí mientras en el celular comenzaba a sonar Violent Youth de Crystal Castles.