-Nunca me han gustado mucho los lucky click.- dijo Diego mientras inhalaba el humo del cigarro-muy caros, muy sobrevalorados.-
No pude evitar soltar una risa sarcástica.
-¿Tienes una opinión para todo?- arqué una ceja.
-La verdad, si. Una opinión que la mayoría de las veces es negativa, y las otras, neutral.-
-O sea, jamás opinas positivo sobre algo.-
-Casi nunca.-
-Ah.-
Miré a la nada. Los autos pasaban apurados, contaminando acústicamente la bella ladera de San Lucía en la que estábamos instalados. Nos quedamos en silencio, sin mirarnos. Comencé a sentir la incomodidad del cabro chico, así que decidí romper el hielo.
-¿Por qué quisiste que nos juntáramos?-
Se encogió de hombros.
-No sé. De borracho quizás.-
-...ah...-
-...-
-...-
-...-
-No estabai tan curao' eso si. Estabas mucho mejor que yo.-
-Es que tu estabas casi muerta. Cualquiera estaba mejor que tú.-
-Ni tanto. Después de un rato se me pasó.-
-...-
-Te fuiste sin decir nada.-
-Tenía que llegar temprano a mi casa. Te lo dije cuando me levanté. Ni te moviste.-
-Tenía sueño.-
-Y casi un coma etílico.-
-Ya, córtala. No estaba tan borracha.-
-Da lo mismo igual. No me interesa.-
-...-
-...-
-Parece que solo eres simpático cuando estás borracho.-
-¿Por qué? ¿te estoy cayendo mal ahora?-
-Un poco.-
-Puta, perdón.-
-Da lo mismo igual. No me interesa.-
Sonrió mientras botaba el humo por la nariz.
-Tú igual puedes caer mal si quieres, parece.-
-Yo puedo hacer lo que yo quiera.-
-¿Ah si?-
-Obvio.-
-Dame una prueba.-
-Para qué. No necesito probarle nada a nadie.-
-Chucha, bueno, pero no te enojes tampoco.-
-No me he enojado. Es que esto es...-
-Raro.-
-Sí.-
-...-
Miré la hora distraída.
-Es tarde. Yo creo que mejor me voy.-
-Cata, son las cuatro y media. Quédate.-
-¿Cómo sabes que me llamo Catalina?-
-Tú me lo dijiste la otra noche.-
-No, nunca te lo dije.-
-Estabai tan curá que ni te acuerdas.-
-Chao, Diego.-
Me levanté y caminé en dirección al metro, pero él me detuvo.
-Mira, perdón, no quise ser antipático. Es que me cuesta relacionarme con las personas. Disculpa si te hice sentir incómoda, pero no te vayai porfa.-
Algo en sus ojos color pardo me llamaba a quedarme, al mismo tiempo que me repelían.
-Te pareces tanto al Gastón.- susurré.
Nos quedamos callados un rato.
-Me acuerdo que una vez fuiste a mi casa. Jugaste call of dutty con el Gastón. Le diste la media paliza. Él se picó. Te gritó "Cata culiá, eres una tramposa."-
Entorné los ojos.
-Pensé que nunca me habías visto. Yo siempre iba cuando Gastón estaba solo.-
-Ese fue el único día que te vi. Me gustó tu pelo. Y tu sonrisa. Y que supieras jugar tan bien. Al tiempo después le pregunté al Gastón que había pasado con la mina que sabía jugar call of dutty. Lo único que me dijo fue que no me metiera en su vida. Nunca entendí por qué no quiso hablar de ti.-
Bajé la cabeza.
-Tuvimos una... una discusión tonta y... y nos alejamos.-
-Ah. ¿Ya no se hablan?-
-Es como si no nos conociéramos.-
-Pucha. ¿Tú lo querías?-
Un nudo se formó en mi garganta. El estómago me comenzó a dar vueltas. Odiaba hablar de Gastón. Solo era capaz de recordar sus besos y caricias, sus palabras bonitas, sus manos. Todo aquello que ahora mi amiga estaba aprovechando. Era obvio que quería a Gastón. Más que la cresta. Fue una gran persona conmigo. Hasta que me sacó de su vida y no me dejó volver a entrar jamás.
Suspiré y encendí un cigarro.
-Igual si. un poco.-
Diego acarició mi mejilla.
-¿Te digo algo? Nunca he jugado call of dutty con alguien tan seca como tú.-
Noté su cercanía. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. No. Diego, no, pensaba, pero a la vez solo quería sentirme menos sola.
Uní mis labios a los suyos con la esperanza de encontrar un dejo de los labios de Gastón ahí. Un recuerdo de aquellos días que pasamos juntos. Pero no conseguí nada. Era territorio totalmente nuevo. Un beso de quinceañero, tímido, con miedo a meter la lengua, y cuando al fin la mete, no sabe controlarla. Me dió pena. Me dió rabia, Nostalgia. Una verdadera maraña de sentimientos. Por qué estaba haciendo esto.Por qué me hicieron esto a mi. ¿Qué fue lo que hice mal para que me pagaran de esa forma? ¿Tan mala fue con Gastón para que buscara consuelo en una de mis amigas más preciadas? ¿Tan mala amiga fui para ella que fue capaz de meterse con Gastón? ¿Por qué tenía amigas tan maracas? ¿Por qué tenia amigas tan perras? ¿Acaso yo era una perra? Eso ya lo sabía. Pero no pensé que ella podía serlo también. Esto estaba bien. Esta era mi venganza. Tomé el rostro de Diego entre mis manos y lo acerqué aún más a mi. Sentí como su respiración se agitaba. Mordí su labio, jugué con su lengua. Él era la dulce venganza que, sin buscar, había encontrado. El hermano chico. No es precisamente un acto moral, pero bueno, en este caso no no podemos dar el lujo de ser morales con quienes no les importamos una mierda, ¿o si?. Diego era la pieza perfecta que necesitaba para cagarme como quería a Gastón y a Amanda. Mi gran amiga Amanda. ¿Sería capaz de hacer eso? ¿por qué lo haría? La verdad de por qué iba a hacerlo, la verdad... es que aún sentía cosas por Gastón. Eso es obvio. Amanda no dejaba de ser mi amiga. No es como si todas las cosas que habíamos pasado juntas se hubieran esfumado en el minuto que supe que se estaba tirando al mino. No es como si todos los momentos con él se hubieran desvanecido al instante en que los vi besarse por primera vez.
Me imaginé en su lugar. Cuando era yo quien tocaba esa boca. Cuando era yo la que pasaba las manos por ese pelo o tomaba sus dedos entre los míos, Cuando era yo la que recibía esos abrazos o esas sonrisas tan bellas, propias de Gastón. Yo estuve mucho antes de que ella llegara. Ella lo sabía. Por la chucha, ella lo sabía.
Con todos estos pensamientos en la cabeza me alejé de la boca de Diego, un poco asustada. Él intentó recuperar el aliento.
-¿Estás bien?-preguntó intentando mirarme a los ojos, pero yo desvié la mirada.
-Si... es que yo... yo siempre pienso mucho las cosas. Y en eso estaba ahora.-
-¿En qué pensabas?-
Sonreí y le di un beso rápido.
-Nada. Cosas tontas.-
--------------------------o-----------------------------
-Mentira.- dijo Andrea mientras le comentaba sobre lo ocurrido con el pendejo.
-Verdad.-
-¿Por qué lo hiciste?-
-¿Y por qué no?-
-Es el hermano chico del Gastón. Media incestuosa la hueá.-
-Nada que ver. Él me pateó hace mucho tiempo. Tengo todo el derecho a seguir mi vida.-
-Obvio que si, pero no con su hermano chico po Cata.-
-¿Y por qué no? ¿cuál es el problema?-
-Yo creo que le va a molestar-
-No me puedo importar menos lo que le moleste o no al Gastón. A él le importa un cuesco mi vida, ¿por qué debería preocuparme por la suya?-
Andrea me miró con cierto dejo de lástima, cosa que más odio en el planeta.
-Estás más que picada, Cata. Por eso haces esto. Mira, yo soy tu amiga, yo no te juzgo. Te he visto hacer tantas cosas estúpidas que ya me da lo mismo. Así que, mientras tú no salgas herida, todo bien.-hizo una pausa-Puta, y tampoco le hagas daño al pendejo. Si vas a usarlo, al menos que no se entere.-
-¿Y a ti quién te dijo que voy a usarlo?-
Andrea suspiró.
-Como sea, Cata. Cuidado con lo que haces.-
-Siempre tengo cuidado, Andrea.-
-No seas mentirosa, siempre haces todo de forma impulsiva y te terminas cagando sola.-
-¿Sabís que? enrólate uno mejor.-
sábado, 31 de enero de 2015
viernes, 30 de enero de 2015
Nosotros estuvimos juntos. Lo estábamos incluso mucho tiempo antes de que ellos se conocieran. Él y yo. Inseparables.
Pero por supuesto, la vida siempre trae reveses. Terminó conmigo. Está bien, puta, yo igual lo hubiera hecho. Me estaba volviendo una amargada del demonio, no soportaba su cercanía, mucho menos su persona. Yo también quería terminar eso. Salvo que no quería. Porque lo quería.
Y es cierto que esta vida siempre da vueltas y vueltas. Es como una maldita rueda. Al tiempo después descubrí que estaba con una de mis amigas. Pero no con cualquiera. El muy hijo de puta se fue a meter con esa amiga, la típica que uno cree que jamás en la vida te va a traicionar.
Obvio, me sentí mal. Usada. Más traicionada que la cresta. Pero, ¿qué iba a hacer?. Si cada uno es dueño de vivir lo que quiere y con quien le plazca. La libertad, concepto que tanto buscamos. Quien diría que muchas veces, es lo que menos deseamos.
Como la hipocresía es algo tan común en esta Tierra, fue algo que con mucha facilidad pude enfrentar. Soportaba la mentira directo en la cara, con una sonrisa tan falsa que hasta me daba miedo sonreír por temor a que alguien fuera a notar que estaba mintiendo. Al final si, se dieron cuenta.
Mi amiga me contó el tema y que otra cosa iba a hacer yo sino tragarme cada palabra de odio que le había dicho en mi mente y fingir que todo aquello era tan ajeno a mi que no siquiera tenía opinión. En ese minuto supe dos cosas. La primera, puta que sé fingir. La segunda, mentirosos de mierda, ya sé como me los voy a cagar.
Resulta que él tiene un hermano menor. Un hermano que a mi siempre me atrajo.
I.
-Déjate de tomar tanto tequila hueona, te vas a ir por un tubo.- me decía la Andrea, pero yo ya no la escuchaba. Estaba demasiado borracha.- Ya, basta- me quitó el vaso y el limón- no te quiero llamando a tus exs a las cuatro de la mañana.-
-Que eres escandalosa por la mierda. Si estoy bien, ¿no me ves?- Hice un esfuerzo por pararme, pero caí directo al suelo. Andrea suspiró.
-Siempre te tengo que estar cuidando, Catalina. Siempre tengo que estar pendiente de ti.-me retaba mientras me ayudaba a levantarme-¿no puedes ser un poco más consciente?-
-Ay, Andrea, mira, lo que pasa es que tú...-
-Hola Cata- me interrumpió una voz de pronto.-¿Te acuerdas de mi?- Lo miré de arriba a abajo. La verdad no tenía idea de quien cresta era. Era guapo, eso sí. Tal vez me lo había tirado en algún carrete. Tomé un sorbo de vodka del vaso de la Andrea y le dije:
-No. No tengo idea de quien chucha eres.-
El tipo sonrió.
-Sabía que no te ibas a acordar. Yo soy el amigo del Alvaro. Nos conocimos en la fiesta de cumpleaños de él...- De pronto dejé de escucharlo. Alguien me llamó la atención. Un niñito, quinceañero, estaba al fondo del lugar, fumando solo, mirando la noche. Algo me hizo acercarme a él. Una especie de magnetismo. Una calentura.
-¿Tenís fuego?-
Me miró medio extrañado. Sacó un encendedor de su bolsillo y me lo pasó sin decir nada.
-Gracias.-susurré-Tú... tú eres el hermano chico de Gastón, ¿cierto?-
Volvió a mirarme, esta vez más extrañado. Botó el humo por la nariz.
-Si, ¿cómo lo sabes?-
-Yo... yo era amiga de tu hermano. Una vez vi una foto en la que salías con él. No me olvidé de tu cara.-
-¿Por qué no?-
-Tienes unos ojos muy bonitos. Diego, ¿verdad?-
Volvió la vista al horizonte y asintió apacible.
-¿Me puedo quedar acá contigo? Es que ese tipo me anda persiguiendo y me da miedo estar sola-
-Creí que estabai con esa mina de allá, la pelirroja. Las vi todo el rato juntas.-
-Ah, o sea me estabas mirando.-
-La verdad no. Solo eché una ojeada a la gente por si alguno valía la pena.-
-¿Y?-
Volvió a mirarme, esta vez con más intensidad.
-La verdad, ninguno vale la pena.-
Pendejo de mierda antipático, pensé. Sabía que esa era la señal para irme, pero algo me retuvo.
-¿Y cómo sabes que ninguno vale la pena si no has hablado con nadie?-
-Porque a la gente puedes sacarle la foto solo con mirarla. Con observarla un poco. Se delatan solos.-
-A ver, y observándome, ¿qué ves?-
Se me acercó un poco.
-Una hueona triste que cree que tiene oportunidad de tirar con un cabro chico.-
Dicho esto, sacó otro cigarro, me quitó el encendedor y lo prendió con calma.
-¿Y quién dice que quiero tirar contigo?-
-Nunca dije que quisieras tirar conmigo. Te acabas de delatar sola.-
-Pendejo culiao. No tiraría contigo aunque fueras el último hombre en el mundo, ¿estamos?-
-Lo veo difícil. Los seres humanos muchas veces necesitan el sexo. Y tenis una cara de ninfómana que no te la puedes.-
-A ver, escúchame bien niño, tú no tienes ni idea de nada sobre mi, así que no vengas a tratar así si no quieres que te pegue una patá en las bolas.-
-Yo si sé quien eres. Eres la típica mina que escucha One direction, ve series de amor en el cable, se emborracha siempre y cree que es super bacán por eso. Ah, y seguramente tiene la cagá en su vida.-
No pude evitar reír.
-Te equivocaste en casi todo. De partida, me carga ese grupo. Yo soy de la onda Crystal Castles, Daft punk, Placebo, Skrillex, esas cosas. No veo series de amor, veo Skins, en Netflix. Si, de vez en cuando me emborracho, y me siento patética por eso. Si, tengo la cagá en mi vida. Pero no me quejo por eso.-
Cuando terminé de hablar, me observaba de forma distinta. Ya no estaba tan extrañado.
-¿Te gusta Skins?- preguntó curioso.
-Me encanta. Lloro cada vez que muere alguien.-
-Oh, yo igual. ¿Cyrstal castles? ¿en serio?-
-Alice Glass es el posible amor de mi vida.-
-Oye, aléjate, ella es mía.-
-No, eres muy chico para andar con mujeres de su edad. Yo tengo dieciocho, más aceptable.-
Por primera vez, dejó de estar serio y comenzó a reír.
-El amor no tiene edad, ¿lo sabías?-
-Obvio que lo sabía. Solo era un excusa para alejarte de Alice.-
-Estai loca.-
-La locura es sinónimo de felicidad.-
-Mira tú.-
Nos quedamos mirando en silencio un rato. Luego, sonrió.
-Acompáñame. Tengo algo para que compartamos.- dijo caminando hacia la calle.
Estaba vacía. Todos estaban muertos adentro. Miré a la Andrea. Se estaba tragando al tipo que se había acercado a hablarme.
Diego se sentó en la cuneta. No pasaba ni un alma. Luego sacó una botella de vodka del bolsillo interno de su chaqueta.
-Haz los honores.- dijo pasándomela. La observé y luego sonreí.
-Hagamos un juego. Cada vez que tomemos, debemos decir algo de nosotros. Aprovechamos de emborracharnos y, de paso, derribar los prejuicios que tenemos del otro.-
En su cara se dibujo una sonrisa maliciosa que admito me encendió un poco, pero me controlé.
-Acepto. Parte tú.-
-Ehh... una vez estaba tan enojada con mi vecino que le quebré todos los vidrios del auto.- Bebí un sorbo. Diego me miró con los ojos muy abiertos.
-Media hora antes de que tú llegaras, me estaba comiendo a la dueña de casa en el baño.- Dijo apoderándose de la botella.
-Mi mamá me echó de la casa cinco veces en un año.-
-Mi papá me obliga a compartir con la familia todos los domingos. No me dejan salir ese día.-
-Cuando tenía quince, creía que era lesbiana.-
-Mi película favorita es Amelie.-
-La mía igual.- sonreí.
La cosas se fueron tornando más intensas y personales a la vez que la botella se vaciaba.
-Soy virgen- susurró de pronto mirando al suelo, como si se avergonzara de ello.
-Yo no. Perdí la virginidad con mi tío de cincuenta años, cuando yo tenía catorce.-
Diego me observó anonadado. No pude evitar explotar de la risa.
-Es mentira, tonto. ¡Que asco!-
Esbozó una sonrisa tímida. Dió el último trago a la botella.
-Creo que soy bisexual.- de nuevo miraba hacia el suelo, avergonzado.
Me acerqué a él, hasta oler su aliento a cigarro. Miró en dirección a mis labios y la respiración se le aceleró.
-Yo creo que eres gay.- susurré en su oído, me levanté para salir corriendo, pero caí directo al pasto.-Estoy muy borracha, creo que voy a dormir acá.- me acomodé y comencé a mirar como la noche comenzaba lentamente a morir para dar paso a un nuevo día.-Ven.- lo llamé-ven acá a mi lado.-
Diego me observó un instante. Luego se levantó con dificultad y se tendió a mi lado. Nos acomodamos para dormir, ahí, en el pasto, afuera de la casa de la mina que hace horas atrás, él se había estado comiendo.
Me abrazó por detrás.
-A ver, cuidadito, niño.- lo reté.
-Tranquila, potra. Estoy demasiado cagado de sueño para hacer algo ahora.-
-Me alegro.-
II.
-Despierta, Cata, por la cresta, mira donde estás durmiendo-la voz de Andrea me devolvía a la realidad.
-¿Qué hora es?-dije en voz baja.
-Son las doce y media. Tenía que estar en mi casa a las once, pero me quedé raja.-
-Mucho trabajo anoche yo creo.- dije sentándome lentamente.
-Ay, cállate. Me dejaste sola, tenía que hacer algo-contestó coqueta- a ti no te fue tan mal tampoco. Harto rico estaba el cabro chico.-
Chucha, Diego. Miré hacia todos lados, pero ya no estaba. Me paré rápido con la excusa de ir a buscar mis cosas, y aproveché de observar la casa. Ni rastro de él.
Ah, pendejo de mierda, no importa, pensé. Tomé mi bolso, a la Andrea y salimos del lugar.
Mi amiga se fue corriendo al metro para llegar rápido. Yo tomé una micro a cualquier sitio, total, prisa no tenía. En la micro me puse a buscar mi celular, y al revisar los bolsillos de mi chaqueta, encontré una petaca de vodka con una nota encima.
"Drink up, little girl.
(Lunes, Santa lucía a las 3.)"
Sonreí mientras en el celular comenzaba a sonar Violent Youth de Crystal Castles.
Pero por supuesto, la vida siempre trae reveses. Terminó conmigo. Está bien, puta, yo igual lo hubiera hecho. Me estaba volviendo una amargada del demonio, no soportaba su cercanía, mucho menos su persona. Yo también quería terminar eso. Salvo que no quería. Porque lo quería.
Y es cierto que esta vida siempre da vueltas y vueltas. Es como una maldita rueda. Al tiempo después descubrí que estaba con una de mis amigas. Pero no con cualquiera. El muy hijo de puta se fue a meter con esa amiga, la típica que uno cree que jamás en la vida te va a traicionar.
Obvio, me sentí mal. Usada. Más traicionada que la cresta. Pero, ¿qué iba a hacer?. Si cada uno es dueño de vivir lo que quiere y con quien le plazca. La libertad, concepto que tanto buscamos. Quien diría que muchas veces, es lo que menos deseamos.
Como la hipocresía es algo tan común en esta Tierra, fue algo que con mucha facilidad pude enfrentar. Soportaba la mentira directo en la cara, con una sonrisa tan falsa que hasta me daba miedo sonreír por temor a que alguien fuera a notar que estaba mintiendo. Al final si, se dieron cuenta.
Mi amiga me contó el tema y que otra cosa iba a hacer yo sino tragarme cada palabra de odio que le había dicho en mi mente y fingir que todo aquello era tan ajeno a mi que no siquiera tenía opinión. En ese minuto supe dos cosas. La primera, puta que sé fingir. La segunda, mentirosos de mierda, ya sé como me los voy a cagar.
Resulta que él tiene un hermano menor. Un hermano que a mi siempre me atrajo.
I.
-Déjate de tomar tanto tequila hueona, te vas a ir por un tubo.- me decía la Andrea, pero yo ya no la escuchaba. Estaba demasiado borracha.- Ya, basta- me quitó el vaso y el limón- no te quiero llamando a tus exs a las cuatro de la mañana.-
-Que eres escandalosa por la mierda. Si estoy bien, ¿no me ves?- Hice un esfuerzo por pararme, pero caí directo al suelo. Andrea suspiró.
-Siempre te tengo que estar cuidando, Catalina. Siempre tengo que estar pendiente de ti.-me retaba mientras me ayudaba a levantarme-¿no puedes ser un poco más consciente?-
-Ay, Andrea, mira, lo que pasa es que tú...-
-Hola Cata- me interrumpió una voz de pronto.-¿Te acuerdas de mi?- Lo miré de arriba a abajo. La verdad no tenía idea de quien cresta era. Era guapo, eso sí. Tal vez me lo había tirado en algún carrete. Tomé un sorbo de vodka del vaso de la Andrea y le dije:
-No. No tengo idea de quien chucha eres.-
El tipo sonrió.
-Sabía que no te ibas a acordar. Yo soy el amigo del Alvaro. Nos conocimos en la fiesta de cumpleaños de él...- De pronto dejé de escucharlo. Alguien me llamó la atención. Un niñito, quinceañero, estaba al fondo del lugar, fumando solo, mirando la noche. Algo me hizo acercarme a él. Una especie de magnetismo. Una calentura.
-¿Tenís fuego?-
Me miró medio extrañado. Sacó un encendedor de su bolsillo y me lo pasó sin decir nada.
-Gracias.-susurré-Tú... tú eres el hermano chico de Gastón, ¿cierto?-
Volvió a mirarme, esta vez más extrañado. Botó el humo por la nariz.
-Si, ¿cómo lo sabes?-
-Yo... yo era amiga de tu hermano. Una vez vi una foto en la que salías con él. No me olvidé de tu cara.-
-¿Por qué no?-
-Tienes unos ojos muy bonitos. Diego, ¿verdad?-
Volvió la vista al horizonte y asintió apacible.
-¿Me puedo quedar acá contigo? Es que ese tipo me anda persiguiendo y me da miedo estar sola-
-Creí que estabai con esa mina de allá, la pelirroja. Las vi todo el rato juntas.-
-Ah, o sea me estabas mirando.-
-La verdad no. Solo eché una ojeada a la gente por si alguno valía la pena.-
-¿Y?-
Volvió a mirarme, esta vez con más intensidad.
-La verdad, ninguno vale la pena.-
Pendejo de mierda antipático, pensé. Sabía que esa era la señal para irme, pero algo me retuvo.
-¿Y cómo sabes que ninguno vale la pena si no has hablado con nadie?-
-Porque a la gente puedes sacarle la foto solo con mirarla. Con observarla un poco. Se delatan solos.-
-A ver, y observándome, ¿qué ves?-
Se me acercó un poco.
-Una hueona triste que cree que tiene oportunidad de tirar con un cabro chico.-
Dicho esto, sacó otro cigarro, me quitó el encendedor y lo prendió con calma.
-¿Y quién dice que quiero tirar contigo?-
-Nunca dije que quisieras tirar conmigo. Te acabas de delatar sola.-
-Pendejo culiao. No tiraría contigo aunque fueras el último hombre en el mundo, ¿estamos?-
-Lo veo difícil. Los seres humanos muchas veces necesitan el sexo. Y tenis una cara de ninfómana que no te la puedes.-
-A ver, escúchame bien niño, tú no tienes ni idea de nada sobre mi, así que no vengas a tratar así si no quieres que te pegue una patá en las bolas.-
-Yo si sé quien eres. Eres la típica mina que escucha One direction, ve series de amor en el cable, se emborracha siempre y cree que es super bacán por eso. Ah, y seguramente tiene la cagá en su vida.-
No pude evitar reír.
-Te equivocaste en casi todo. De partida, me carga ese grupo. Yo soy de la onda Crystal Castles, Daft punk, Placebo, Skrillex, esas cosas. No veo series de amor, veo Skins, en Netflix. Si, de vez en cuando me emborracho, y me siento patética por eso. Si, tengo la cagá en mi vida. Pero no me quejo por eso.-
Cuando terminé de hablar, me observaba de forma distinta. Ya no estaba tan extrañado.
-¿Te gusta Skins?- preguntó curioso.
-Me encanta. Lloro cada vez que muere alguien.-
-Oh, yo igual. ¿Cyrstal castles? ¿en serio?-
-Alice Glass es el posible amor de mi vida.-
-Oye, aléjate, ella es mía.-
-No, eres muy chico para andar con mujeres de su edad. Yo tengo dieciocho, más aceptable.-
Por primera vez, dejó de estar serio y comenzó a reír.
-El amor no tiene edad, ¿lo sabías?-
-Obvio que lo sabía. Solo era un excusa para alejarte de Alice.-
-Estai loca.-
-La locura es sinónimo de felicidad.-
-Mira tú.-
Nos quedamos mirando en silencio un rato. Luego, sonrió.
-Acompáñame. Tengo algo para que compartamos.- dijo caminando hacia la calle.
Estaba vacía. Todos estaban muertos adentro. Miré a la Andrea. Se estaba tragando al tipo que se había acercado a hablarme.
Diego se sentó en la cuneta. No pasaba ni un alma. Luego sacó una botella de vodka del bolsillo interno de su chaqueta.
-Haz los honores.- dijo pasándomela. La observé y luego sonreí.
-Hagamos un juego. Cada vez que tomemos, debemos decir algo de nosotros. Aprovechamos de emborracharnos y, de paso, derribar los prejuicios que tenemos del otro.-
En su cara se dibujo una sonrisa maliciosa que admito me encendió un poco, pero me controlé.
-Acepto. Parte tú.-
-Ehh... una vez estaba tan enojada con mi vecino que le quebré todos los vidrios del auto.- Bebí un sorbo. Diego me miró con los ojos muy abiertos.
-Media hora antes de que tú llegaras, me estaba comiendo a la dueña de casa en el baño.- Dijo apoderándose de la botella.
-Mi mamá me echó de la casa cinco veces en un año.-
-Mi papá me obliga a compartir con la familia todos los domingos. No me dejan salir ese día.-
-Cuando tenía quince, creía que era lesbiana.-
-Mi película favorita es Amelie.-
-La mía igual.- sonreí.
La cosas se fueron tornando más intensas y personales a la vez que la botella se vaciaba.
-Soy virgen- susurró de pronto mirando al suelo, como si se avergonzara de ello.
-Yo no. Perdí la virginidad con mi tío de cincuenta años, cuando yo tenía catorce.-
Diego me observó anonadado. No pude evitar explotar de la risa.
-Es mentira, tonto. ¡Que asco!-
Esbozó una sonrisa tímida. Dió el último trago a la botella.
-Creo que soy bisexual.- de nuevo miraba hacia el suelo, avergonzado.
Me acerqué a él, hasta oler su aliento a cigarro. Miró en dirección a mis labios y la respiración se le aceleró.
-Yo creo que eres gay.- susurré en su oído, me levanté para salir corriendo, pero caí directo al pasto.-Estoy muy borracha, creo que voy a dormir acá.- me acomodé y comencé a mirar como la noche comenzaba lentamente a morir para dar paso a un nuevo día.-Ven.- lo llamé-ven acá a mi lado.-
Diego me observó un instante. Luego se levantó con dificultad y se tendió a mi lado. Nos acomodamos para dormir, ahí, en el pasto, afuera de la casa de la mina que hace horas atrás, él se había estado comiendo.
Me abrazó por detrás.
-A ver, cuidadito, niño.- lo reté.
-Tranquila, potra. Estoy demasiado cagado de sueño para hacer algo ahora.-
-Me alegro.-
II.
-Despierta, Cata, por la cresta, mira donde estás durmiendo-la voz de Andrea me devolvía a la realidad.
-¿Qué hora es?-dije en voz baja.
-Son las doce y media. Tenía que estar en mi casa a las once, pero me quedé raja.-
-Mucho trabajo anoche yo creo.- dije sentándome lentamente.
-Ay, cállate. Me dejaste sola, tenía que hacer algo-contestó coqueta- a ti no te fue tan mal tampoco. Harto rico estaba el cabro chico.-
Chucha, Diego. Miré hacia todos lados, pero ya no estaba. Me paré rápido con la excusa de ir a buscar mis cosas, y aproveché de observar la casa. Ni rastro de él.
Ah, pendejo de mierda, no importa, pensé. Tomé mi bolso, a la Andrea y salimos del lugar.
Mi amiga se fue corriendo al metro para llegar rápido. Yo tomé una micro a cualquier sitio, total, prisa no tenía. En la micro me puse a buscar mi celular, y al revisar los bolsillos de mi chaqueta, encontré una petaca de vodka con una nota encima.
"Drink up, little girl.
(Lunes, Santa lucía a las 3.)"
Sonreí mientras en el celular comenzaba a sonar Violent Youth de Crystal Castles.
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