Nosotros estuvimos juntos. Lo estábamos incluso mucho tiempo antes de que ellos se conocieran. Él y yo. Inseparables.
Pero por supuesto, la vida siempre trae reveses. Terminó conmigo. Está bien, puta, yo igual lo hubiera hecho. Me estaba volviendo una amargada del demonio, no soportaba su cercanía, mucho menos su persona. Yo también quería terminar eso. Salvo que no quería. Porque lo quería.
Y es cierto que esta vida siempre da vueltas y vueltas. Es como una maldita rueda. Al tiempo después descubrí que estaba con una de mis amigas. Pero no con cualquiera. El muy hijo de puta se fue a meter con esa amiga, la típica que uno cree que jamás en la vida te va a traicionar.
Obvio, me sentí mal. Usada. Más traicionada que la cresta. Pero, ¿qué iba a hacer?. Si cada uno es dueño de vivir lo que quiere y con quien le plazca. La libertad, concepto que tanto buscamos. Quien diría que muchas veces, es lo que menos deseamos.
Como la hipocresía es algo tan común en esta Tierra, fue algo que con mucha facilidad pude enfrentar. Soportaba la mentira directo en la cara, con una sonrisa tan falsa que hasta me daba miedo sonreír por temor a que alguien fuera a notar que estaba mintiendo. Al final si, se dieron cuenta.
Mi amiga me contó el tema y que otra cosa iba a hacer yo sino tragarme cada palabra de odio que le había dicho en mi mente y fingir que todo aquello era tan ajeno a mi que no siquiera tenía opinión. En ese minuto supe dos cosas. La primera, puta que sé fingir. La segunda, mentirosos de mierda, ya sé como me los voy a cagar.
Resulta que él tiene un hermano menor. Un hermano que a mi siempre me atrajo.
I.
-Déjate de tomar tanto tequila hueona, te vas a ir por un tubo.- me decía la Andrea, pero yo ya no la escuchaba. Estaba demasiado borracha.- Ya, basta- me quitó el vaso y el limón- no te quiero llamando a tus exs a las cuatro de la mañana.-
-Que eres escandalosa por la mierda. Si estoy bien, ¿no me ves?- Hice un esfuerzo por pararme, pero caí directo al suelo. Andrea suspiró.
-Siempre te tengo que estar cuidando, Catalina. Siempre tengo que estar pendiente de ti.-me retaba mientras me ayudaba a levantarme-¿no puedes ser un poco más consciente?-
-Ay, Andrea, mira, lo que pasa es que tú...-
-Hola Cata- me interrumpió una voz de pronto.-¿Te acuerdas de mi?- Lo miré de arriba a abajo. La verdad no tenía idea de quien cresta era. Era guapo, eso sí. Tal vez me lo había tirado en algún carrete. Tomé un sorbo de vodka del vaso de la Andrea y le dije:
-No. No tengo idea de quien chucha eres.-
El tipo sonrió.
-Sabía que no te ibas a acordar. Yo soy el amigo del Alvaro. Nos conocimos en la fiesta de cumpleaños de él...- De pronto dejé de escucharlo. Alguien me llamó la atención. Un niñito, quinceañero, estaba al fondo del lugar, fumando solo, mirando la noche. Algo me hizo acercarme a él. Una especie de magnetismo. Una calentura.
-¿Tenís fuego?-
Me miró medio extrañado. Sacó un encendedor de su bolsillo y me lo pasó sin decir nada.
-Gracias.-susurré-Tú... tú eres el hermano chico de Gastón, ¿cierto?-
Volvió a mirarme, esta vez más extrañado. Botó el humo por la nariz.
-Si, ¿cómo lo sabes?-
-Yo... yo era amiga de tu hermano. Una vez vi una foto en la que salías con él. No me olvidé de tu cara.-
-¿Por qué no?-
-Tienes unos ojos muy bonitos. Diego, ¿verdad?-
Volvió la vista al horizonte y asintió apacible.
-¿Me puedo quedar acá contigo? Es que ese tipo me anda persiguiendo y me da miedo estar sola-
-Creí que estabai con esa mina de allá, la pelirroja. Las vi todo el rato juntas.-
-Ah, o sea me estabas mirando.-
-La verdad no. Solo eché una ojeada a la gente por si alguno valía la pena.-
-¿Y?-
Volvió a mirarme, esta vez con más intensidad.
-La verdad, ninguno vale la pena.-
Pendejo de mierda antipático, pensé. Sabía que esa era la señal para irme, pero algo me retuvo.
-¿Y cómo sabes que ninguno vale la pena si no has hablado con nadie?-
-Porque a la gente puedes sacarle la foto solo con mirarla. Con observarla un poco. Se delatan solos.-
-A ver, y observándome, ¿qué ves?-
Se me acercó un poco.
-Una hueona triste que cree que tiene oportunidad de tirar con un cabro chico.-
Dicho esto, sacó otro cigarro, me quitó el encendedor y lo prendió con calma.
-¿Y quién dice que quiero tirar contigo?-
-Nunca dije que quisieras tirar conmigo. Te acabas de delatar sola.-
-Pendejo culiao. No tiraría contigo aunque fueras el último hombre en el mundo, ¿estamos?-
-Lo veo difícil. Los seres humanos muchas veces necesitan el sexo. Y tenis una cara de ninfómana que no te la puedes.-
-A ver, escúchame bien niño, tú no tienes ni idea de nada sobre mi, así que no vengas a tratar así si no quieres que te pegue una patá en las bolas.-
-Yo si sé quien eres. Eres la típica mina que escucha One direction, ve series de amor en el cable, se emborracha siempre y cree que es super bacán por eso. Ah, y seguramente tiene la cagá en su vida.-
No pude evitar reír.
-Te equivocaste en casi todo. De partida, me carga ese grupo. Yo soy de la onda Crystal Castles, Daft punk, Placebo, Skrillex, esas cosas. No veo series de amor, veo Skins, en Netflix. Si, de vez en cuando me emborracho, y me siento patética por eso. Si, tengo la cagá en mi vida. Pero no me quejo por eso.-
Cuando terminé de hablar, me observaba de forma distinta. Ya no estaba tan extrañado.
-¿Te gusta Skins?- preguntó curioso.
-Me encanta. Lloro cada vez que muere alguien.-
-Oh, yo igual. ¿Cyrstal castles? ¿en serio?-
-Alice Glass es el posible amor de mi vida.-
-Oye, aléjate, ella es mía.-
-No, eres muy chico para andar con mujeres de su edad. Yo tengo dieciocho, más aceptable.-
Por primera vez, dejó de estar serio y comenzó a reír.
-El amor no tiene edad, ¿lo sabías?-
-Obvio que lo sabía. Solo era un excusa para alejarte de Alice.-
-Estai loca.-
-La locura es sinónimo de felicidad.-
-Mira tú.-
Nos quedamos mirando en silencio un rato. Luego, sonrió.
-Acompáñame. Tengo algo para que compartamos.- dijo caminando hacia la calle.
Estaba vacía. Todos estaban muertos adentro. Miré a la Andrea. Se estaba tragando al tipo que se había acercado a hablarme.
Diego se sentó en la cuneta. No pasaba ni un alma. Luego sacó una botella de vodka del bolsillo interno de su chaqueta.
-Haz los honores.- dijo pasándomela. La observé y luego sonreí.
-Hagamos un juego. Cada vez que tomemos, debemos decir algo de nosotros. Aprovechamos de emborracharnos y, de paso, derribar los prejuicios que tenemos del otro.-
En su cara se dibujo una sonrisa maliciosa que admito me encendió un poco, pero me controlé.
-Acepto. Parte tú.-
-Ehh... una vez estaba tan enojada con mi vecino que le quebré todos los vidrios del auto.- Bebí un sorbo. Diego me miró con los ojos muy abiertos.
-Media hora antes de que tú llegaras, me estaba comiendo a la dueña de casa en el baño.- Dijo apoderándose de la botella.
-Mi mamá me echó de la casa cinco veces en un año.-
-Mi papá me obliga a compartir con la familia todos los domingos. No me dejan salir ese día.-
-Cuando tenía quince, creía que era lesbiana.-
-Mi película favorita es Amelie.-
-La mía igual.- sonreí.
La cosas se fueron tornando más intensas y personales a la vez que la botella se vaciaba.
-Soy virgen- susurró de pronto mirando al suelo, como si se avergonzara de ello.
-Yo no. Perdí la virginidad con mi tío de cincuenta años, cuando yo tenía catorce.-
Diego me observó anonadado. No pude evitar explotar de la risa.
-Es mentira, tonto. ¡Que asco!-
Esbozó una sonrisa tímida. Dió el último trago a la botella.
-Creo que soy bisexual.- de nuevo miraba hacia el suelo, avergonzado.
Me acerqué a él, hasta oler su aliento a cigarro. Miró en dirección a mis labios y la respiración se le aceleró.
-Yo creo que eres gay.- susurré en su oído, me levanté para salir corriendo, pero caí directo al pasto.-Estoy muy borracha, creo que voy a dormir acá.- me acomodé y comencé a mirar como la noche comenzaba lentamente a morir para dar paso a un nuevo día.-Ven.- lo llamé-ven acá a mi lado.-
Diego me observó un instante. Luego se levantó con dificultad y se tendió a mi lado. Nos acomodamos para dormir, ahí, en el pasto, afuera de la casa de la mina que hace horas atrás, él se había estado comiendo.
Me abrazó por detrás.
-A ver, cuidadito, niño.- lo reté.
-Tranquila, potra. Estoy demasiado cagado de sueño para hacer algo ahora.-
-Me alegro.-
II.
-Despierta, Cata, por la cresta, mira donde estás durmiendo-la voz de Andrea me devolvía a la realidad.
-¿Qué hora es?-dije en voz baja.
-Son las doce y media. Tenía que estar en mi casa a las once, pero me quedé raja.-
-Mucho trabajo anoche yo creo.- dije sentándome lentamente.
-Ay, cállate. Me dejaste sola, tenía que hacer algo-contestó coqueta- a ti no te fue tan mal tampoco. Harto rico estaba el cabro chico.-
Chucha, Diego. Miré hacia todos lados, pero ya no estaba. Me paré rápido con la excusa de ir a buscar mis cosas, y aproveché de observar la casa. Ni rastro de él.
Ah, pendejo de mierda, no importa, pensé. Tomé mi bolso, a la Andrea y salimos del lugar.
Mi amiga se fue corriendo al metro para llegar rápido. Yo tomé una micro a cualquier sitio, total, prisa no tenía. En la micro me puse a buscar mi celular, y al revisar los bolsillos de mi chaqueta, encontré una petaca de vodka con una nota encima.
"Drink up, little girl.
(Lunes, Santa lucía a las 3.)"
Sonreí mientras en el celular comenzaba a sonar Violent Youth de Crystal Castles.
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