sábado, 31 de enero de 2015

-Nunca me han gustado mucho los lucky click.- dijo Diego mientras inhalaba el humo del cigarro-muy caros, muy sobrevalorados.-
No pude evitar soltar una risa sarcástica.
-¿Tienes una opinión para todo?- arqué una ceja.
-La verdad, si. Una opinión que la mayoría de las veces es negativa, y las otras, neutral.-
-O sea, jamás opinas positivo sobre algo.-
-Casi nunca.-
-Ah.-

Miré a la nada. Los autos pasaban apurados, contaminando acústicamente la bella ladera de San Lucía en la que estábamos instalados. Nos quedamos en silencio, sin mirarnos. Comencé a sentir la incomodidad del cabro chico, así que decidí romper el hielo.

-¿Por qué quisiste que nos juntáramos?-
Se encogió de hombros.
-No sé. De borracho quizás.-
-...ah...-
-...-
-...-
-...-
-No estabai tan curao' eso si. Estabas mucho mejor que yo.-
-Es que tu estabas casi muerta. Cualquiera estaba mejor que tú.-
-Ni tanto. Después de un rato se me pasó.-
-...-
-Te fuiste sin decir nada.-
-Tenía que llegar temprano a mi casa. Te lo dije cuando me levanté. Ni te moviste.-
-Tenía sueño.-
-Y casi un coma etílico.-
-Ya, córtala. No estaba tan borracha.-
-Da lo mismo igual. No me interesa.-
-...-
-...-
-Parece que solo eres simpático cuando estás borracho.-
-¿Por qué? ¿te estoy cayendo mal ahora?-
-Un poco.-
-Puta, perdón.-
-Da lo mismo igual. No me interesa.-

Sonrió mientras botaba el humo por la nariz.

-Tú igual puedes caer mal si quieres, parece.-
-Yo puedo hacer lo que yo quiera.-
-¿Ah si?-
-Obvio.-
-Dame una prueba.-
-Para qué. No necesito probarle nada a nadie.-
-Chucha, bueno, pero no te enojes tampoco.-
-No me he enojado. Es que esto es...-
-Raro.-
-Sí.-
-...-

Miré la hora distraída.

-Es tarde. Yo creo que mejor me voy.-
-Cata, son las cuatro y media. Quédate.-
-¿Cómo sabes que me llamo Catalina?-
-Tú me lo dijiste la otra noche.-
-No, nunca te lo dije.-
-Estabai tan curá que ni te acuerdas.-
-Chao, Diego.-

Me levanté y caminé en dirección al metro, pero él me detuvo.

-Mira, perdón, no quise ser antipático. Es que me cuesta relacionarme con las personas. Disculpa si te hice sentir incómoda, pero no te vayai porfa.-

Algo en sus ojos color pardo me llamaba a quedarme, al mismo tiempo que me repelían.

-Te pareces tanto al Gastón.- susurré.

Nos quedamos callados un rato.

-Me acuerdo que una vez fuiste a mi casa. Jugaste call of dutty con el Gastón. Le diste la media paliza. Él se picó. Te gritó "Cata culiá, eres una tramposa."-

Entorné los ojos.

-Pensé que nunca me habías visto. Yo siempre iba cuando Gastón estaba solo.-
-Ese fue el único día que te vi. Me gustó tu pelo. Y tu sonrisa. Y que supieras jugar tan bien. Al tiempo después le pregunté al Gastón que había pasado con la mina que sabía jugar call of dutty. Lo único que me dijo fue que no me metiera en su vida. Nunca entendí por qué no quiso hablar de ti.-

Bajé la cabeza.

-Tuvimos una... una discusión tonta y... y nos alejamos.-
-Ah. ¿Ya no se hablan?-
-Es como si no nos conociéramos.-
-Pucha. ¿Tú lo querías?-

Un nudo se formó en mi garganta. El estómago me comenzó a dar vueltas. Odiaba hablar de Gastón. Solo era capaz de recordar sus besos y caricias, sus palabras bonitas, sus manos. Todo aquello que ahora mi amiga estaba aprovechando. Era obvio que quería a Gastón. Más que la cresta. Fue una gran persona conmigo. Hasta que me sacó de su vida y no me dejó volver a entrar jamás.

Suspiré y encendí un cigarro.

-Igual si. un poco.-

Diego acarició mi mejilla.

-¿Te digo algo? Nunca he jugado call of dutty con alguien tan seca como tú.-

Noté su cercanía. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. No. Diego, no, pensaba, pero a la vez solo quería sentirme menos sola.
Uní mis labios a los suyos con la esperanza de encontrar un dejo de los labios de Gastón ahí. Un recuerdo de aquellos días que pasamos juntos. Pero no conseguí nada. Era territorio totalmente nuevo. Un beso de quinceañero, tímido, con miedo a meter la lengua, y cuando al fin la mete, no sabe controlarla. Me dió pena. Me dió rabia, Nostalgia. Una verdadera maraña de sentimientos. Por qué estaba haciendo esto.Por qué me hicieron esto a mi. ¿Qué fue lo que hice mal para que me pagaran de esa forma? ¿Tan mala fue con Gastón para que buscara consuelo en una de mis amigas más preciadas? ¿Tan mala amiga fui para ella que fue capaz de meterse con Gastón? ¿Por qué tenía amigas tan maracas? ¿Por qué tenia amigas tan perras? ¿Acaso yo era una perra? Eso ya lo sabía. Pero no pensé que ella podía serlo también. Esto estaba bien. Esta era mi venganza. Tomé el rostro de Diego entre mis manos y lo acerqué aún más a mi. Sentí como su respiración se agitaba. Mordí su labio, jugué con su lengua. Él era la dulce venganza que, sin buscar, había encontrado. El hermano chico. No es precisamente un acto moral, pero bueno, en este caso no no podemos dar el lujo de ser morales con quienes no les importamos una mierda, ¿o si?. Diego era la pieza perfecta que necesitaba para cagarme como quería a Gastón y a Amanda. Mi gran amiga Amanda. ¿Sería capaz de hacer eso? ¿por qué lo haría? La verdad de por qué iba a hacerlo, la verdad... es que aún sentía cosas por Gastón. Eso es obvio. Amanda no dejaba de ser mi amiga. No es como si todas las cosas que habíamos pasado juntas se hubieran esfumado en el minuto que supe que se estaba tirando al mino. No es como si todos los momentos con él se hubieran desvanecido al instante en que los vi besarse por primera vez.
Me imaginé en su lugar. Cuando era yo quien tocaba esa boca. Cuando era yo la que pasaba las manos por ese pelo o tomaba sus dedos entre los míos, Cuando era yo la que recibía esos abrazos o esas sonrisas tan bellas, propias de Gastón. Yo estuve mucho antes de que ella llegara. Ella lo sabía. Por la chucha, ella lo sabía.

Con todos estos pensamientos en la cabeza me alejé de la boca de Diego, un poco asustada. Él intentó recuperar el aliento.

-¿Estás bien?-preguntó intentando mirarme a los ojos, pero yo desvié la mirada.
-Si... es que yo... yo siempre pienso mucho las cosas. Y en eso estaba ahora.-
-¿En qué pensabas?-
Sonreí y le di un beso rápido.
-Nada. Cosas tontas.-

--------------------------o-----------------------------

-Mentira.- dijo Andrea mientras le comentaba sobre lo ocurrido con el pendejo.
-Verdad.-
-¿Por qué lo hiciste?-
-¿Y por qué no?-
-Es el hermano chico del Gastón. Media incestuosa la hueá.-
-Nada que ver. Él me pateó hace mucho tiempo. Tengo todo el derecho a seguir mi vida.-
-Obvio que si, pero no con su hermano chico po Cata.-
-¿Y por qué no? ¿cuál es el problema?-
-Yo creo que le va a molestar-
-No me puedo importar menos lo que le moleste o no al Gastón. A él le importa un cuesco mi vida, ¿por qué debería preocuparme por la suya?-

Andrea me miró con cierto dejo de lástima, cosa que más odio en el planeta.

-Estás más que picada, Cata. Por eso haces esto. Mira, yo soy tu amiga, yo no te juzgo. Te he visto hacer tantas cosas estúpidas que ya me da lo mismo. Así que, mientras tú no salgas herida, todo bien.-hizo una pausa-Puta, y tampoco le hagas daño al pendejo. Si vas a usarlo, al menos que no se entere.-
-¿Y a ti quién te dijo que voy a usarlo?-

Andrea suspiró.

-Como sea, Cata. Cuidado con lo que haces.-
-Siempre tengo cuidado, Andrea.-
-No seas mentirosa, siempre haces todo de forma impulsiva y te terminas cagando sola.-
-¿Sabís que? enrólate uno mejor.-



No hay comentarios:

Publicar un comentario