Desperté bajo la tutela del hermano menor de mi ex. Levanté la cabeza para apreciarlo. Dormía plácidamente, nada parecía inquietarlo. Pasé el dedo con delicadeza por su barbilla, sintiendo una leve barba. Subí hasta su mejilla. Diego era guapo. Casi tan guapo como Gastón. Poseía unos hermosos ojos pardos, que se oscurecían en la noche. Tenía los mismos labios de su hermano. Excepto que no eran los labios de su hermano.
Me levanté de la cama cautelosa para no despertarlo. Salí de su habitación. Fui al patio, prendí un cigarro. Lo apagué. Lo tiré lejos. No sé por qué. Casi inercia. Entré y me senté en el sillón. En eso, la puerta de la habitación de Gastón se abrió. Salió y al verme, desvió la mirada. Pero de forma tímida, evasiva, culposa. Amanda salía del lugar con él. Cuando me vió, su cara de transformó.
-Cata...- susurró. Desviaba la mirada, incómoda. Yo no dejaba de observarla, con rostro impasible, impenetrable.-Cata, eh, hola, ¿qué haces acá?-
-Lo mismo que tú, supongo. Pero en la pieza continua.-
Amanda abrió mucho los ojos. Miró a Gastón sin saber que decir. Este me miró directo, intentando intimidarme.
-la Cata se está tirando a mi hermano chico.- espetó.
Amanda seguía sin reaccionar.
-No, Gastón. No es eso. Tú no entiendes, obviamente.-
-Cata... tiene quince. Igual, ¿no te sientes mal tirandote a un niño tan chico?-
-¿Y tú no te sientes mal tirándote al que a mi me gustaba más que la mierda? Y tú lo sabías, Amanda. No me vengas con discursitos moralistas ahora. No seai cara de raja, amiga.-
Amanda bajó la vista. Noté que sus ojos se pusieron llorosos. También a mi me pasó lo mismo.
-Ya, es tarde. Me tengo que ir- susurró- Chao.- besó a Gastón en los labios rápidamente. Caminó hacia mi y se quedó enfrente.- No puedes condenarme por siempre, Catalina. En algún momento tendrás que madurae y aceptar todo esto.-
-¿Todo esto? ¿Y qué es todo esto? ¿Que preferiste desplazar mi amistad por un hueón? Lo tengo más que aceptado, Amanda. Pero en parte igual te agradezco la mariconada: ahora no pongo las manos al fuego por nadie y me he dado cuenta de que la vida es mucho, pero mucho más fácil así.-
Amanda no dijo nada. Simplemente abrió puerta y se fue.
Gastón y yo nos quedamos solos. Se sentó a mi lado.
-No te entiendo, de verdad, Catalina. No entiendo que es lo que quieres hacer. Por qué haces esto. ¿Es porque estás enojada con la Amanda? Ella no tiene nada que ver, no tuvo nada que ver nunca en nuestra separación. Lo nuestro comenzó después. No entiendo por qué la castigas así.-
-No estoy castigando a nadie, Gastón. No prentendo vengarme de ustedes ni nada por el estilo. Simplemente vengo a estar con Diego. Quiero a Diego. Eso es todo. ¿Es tan dificil de entender?-
-¿Por qué Diego?-
-Porque si. Que te importa.-
Gastón suspiró.
-Si hubieras hecho esto antes, quizás me hubiera dolido. Ahora, me da igual.-
-No me importa, Gastón. No me importas.-
Sonrió.
Por la mierda, esa sonrisa.
-No seas mentirosa, Cata. Igual te gustaría hacerme daño de alguna forma. Admítelo.-
-¿Por qué querría yo hacerte daño?-
-Porque yo te lo hice a ti.-
-No. Yo nunca sufrí por ti. Si estaba contigo era por el sexo no más. El sexo era bueno.-
-El sexo era increíble...-
-Pero ya pasó. Ya fue.-
-¿Te acuerdas cuando casi nos pilla mi mamá?-
-¿Cuál de todas las veces?- reí.
-Cuando fue a comprar a la esquina y aunque llegaba en dos minutos, tú querías hacerlo igual. Abrió la puerta y te encontró encima mío. Vestida, menos mal. Igual después me dió una charla dse veinte minutos sobre los embarazos no deseados.-
-Tu mamá y sus charlas. Igual me cae bien, conmigo siempre fue cariñosa. Me enseño a hacer porotos.-
-Si me acuerdo. Cuando casi incendiaste la cocina. Mi papá estaba muy asustado. Pensó que ibas a explotar toda la casa.-
-Tu papá es tan tierno. Recuerdo cuando me iba a dejar a la casa a las cuatro de la madrugada. Y tú te quedabas conmigo.-
-Porque estabas siempre muerta de borracha. No te podía dejar sola.-
-Y nunca lo hiciste. Gracias por eso.-
-Aunque una vez me vomitaste una camisa.-
Nos echamos a reír los dos, sin pensar en lo extrañamente ridículo que resultaba ese momento.
Se formó un silencio algo denso.
-Te amaba... nunca te lo dije. Nunca te dije ni siquiera te quiero.- soltó de pronto Gastón.
Lo miré muy sorprendida. Mis ojos comenzaron a lagrimear de nuevo. No podía creer lo que acaba de decir. Gastón me amaba. Me amaba y yo nunca me di cuenta.
-Gastón...- susurré.
Sentimos como se abría la puerta de la habitación de Diego y este salía con ojos somnolientos. Al verme, sonrió de inmediato. Yo le sonreí de vuelta. Gastón se levantó y se fue a su pieza al notar que sobraba. Nuestro momento ya había pasado. Ahora era el turno de Diego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario